martes, 27 de agosto de 2019

Las banderas


Las banderas.

Suelo ejercer de español, como una identidad, antinacionalista. Suelo llevar una bandera de España en mis viajes por si fuera necesario sacarla para defender la paz. En este viaje llevaba una bandera que quería entregársela a los ladinos, si los hubiera encontrado, como un acto de no aceptar su expulsión en nombre de los españoles que no lo aceptamos. No hubo posibilidad.

Lo de los israelíes con las banderas es insufrible. Los miles de banderas que he visto estos días superan todas las vistas durante toda mi vida de todos los países. Los coches llevaban una bandera en cada ventanilla y otra forrando los retrovisores, los edificios estaban llenos de banderas, los chupetes y los sonajeros de los niños eran de los colores blanco y azul, la gente se lanzaba espuma con sprays con los colores blanco y azul.

Me dijeron que esto solía durar un mes al año, hasta que se deshilachaban las banderas, porque yo coincidí con la celebración del recuerdo del holocausto y la independencia. Pero me dio de lleno.

El milagro de los idiomas en el aeropuerto


El milagro de los idiomas del aeropuerto.

Desde hace algunos viajes vengo observando un fenómeno que soy incapaz de explicarme. Al estar en un aeropuerto español, en este caso el de Barcelona, la gente que te rodea suele hablar en español. Si te diriges a una persona, si no lo habla, lo habla la de al lado, también se oyen conversaciones en otros idiomas. Al estar en la cola de embarque sigue pasando lo mismo. En el avión se produce una extraña transformación y cuando llegas al aeropuerto de destino, a pesar que llegas con la misma gente con la que embarcaste, ya no escuchas una palabra en español y todo el mundo habla en lenguajes extraños. Comienza una parte de la incomunicación.

domingo, 18 de agosto de 2019

Baño en el Mar Muerto.


Baño en el Mar Muerto.  Israel. Mayo 2019.

No se puede bañar uno en cualquier parte del Mar Muerto. Hay zonas por las que es prácticamente imposible acceder y otras que dicen que pueden presentar un peligro. Además es necesario disponer de agua para ducharte, sino se corre el riesgo de acabar con quemaduras. Conocí a una pareja que habían ido por su cuenta y se habían lavado con unas botellas de agua que se llevaron. Después de mi experiencia, no es aconsejable. Lo recomendable es acudir a alguna de las playas que disponen de servicios, como agua para beber y para ducharse. Eso supone pasar por taquilla. Tiene un coste de entre 10 y 15 euros, pero sin duda vale la pena pagarlos.
Nadie me hizo foto bañándome. 
Todos tenían las manos muy saladas. 
Temía quedarme con la cámara en el mismo estado.

El ir bajando con el autobús por debajo del nivel del mar, el tener la impresión de que me estaba sumergiendo en un mar de aire junto a burbujas de peces inexistentes en una zona desértica que conserva el relieve de un antiguo mar, me impactó más que el Mar Muerto. Un mar de aguas muy tranquilas en el que tu cuerpo resulta sorprendido al no hundirse, más en el caso del mío que es el de un pésimo nadador, pero poco más. Después de diez minutos de baño, con el cuello dolorido para no meter la cabeza en el agua, el cuerpo se hace a la idea y la experiencia está superada. Que no se mojen los ojos lo advierten por todas partes. Hay que tener realmente toda la precaución necesaria, pues con el calor que hacía me mojé la frente y un par de gotas entraron en mis ojos. Qué mal lo pasé. Pensé que ese era el comienzo de una larga carrera en la ONCE. Me picaban y no podía restregarlos porque las manos las tenía mojadas, además que posiblemente los hubiera dañado más por los granos de sal que debía tener bajo los párpados. Salí precipitadamente dispuesto a buscar la ayuda de algún médico. Al poco fue remitiendo el escozor, vi que el dolor lo iba controlando, me duché para limpiar los ojos y finalmente sobreviví dejando para otro momento el aprendizaje del braille.

Ir al Mar Muerto

Mi pequeña aventura para ir al Mar Muerto. Mayo 2019.

A 413 metros por debajo del nivel del mar (Mediterráneo), 
en el bar más bajo del mundo


Para ir al Mar Muerto fui a comprar un billete en un autobús de línea regular. Me preguntan que cuál era mi destino. Contesté que el primer lugar donde pudiera bañarme en el Mar Muerto. El vendedor le supo mal y me dijo que el destino lo debía decidir yo, no él. Le insistí. Me dijo que él no decidía por mí. Volví a insistir y entonces de malas formas me dio un billete que pagué. El billete escrito en hebreo pondría dónde iba, pero yo lo ignoraba. Cuando subí al autobús el conductor me preguntó que si iba a En Gedi (que era lo que figuraba en el billete) y curiosamente era el nombre que yo sabía que era un lugar donde no se podía uno bañar. El vendedor me había dado justo lo contrario de lo que yo le había pedido. Al conductor le dije que no, que yo quería bajarme en el primer lugar donde me pudiera bañar. Me dijo que pasara. El autobús iba lleno. Yo iba maquinando qué hacer sabiendo que después de Ben Gedi había un lugar de baño y que me iba a pasar más allá de lo que ponía en mi billete. Algo pasaría. El autobús hace una parada, bajan varias personas y yo sigo agazapado. El conductor me busca con la mirada hasta que me encuentra y me dice: “¿no querías bañarte?, pues aquí podrás hacerlo, baja”. Allí me bajé y allí me bañé, en las playas de Kalya.

Jerusalén. La Vía Dolorosa.

Si no lo entendí mal, por aquí celebró 
Cristo su última cena

Jerusalén. La Vía Dolorosa. Mayo 2019.

Hace años tuve la ocasión de mantener una larga conversación con el filósofo Gustavo Bueno. Me dijo que en España todos éramos cristianos y marxistas. Independientemente de las creencias religiosas y políticas de cada uno todos nos habíamos educado en la cultura cristiana y habíamos estados influidos para bien o mal por la cultura marxista. Estoy de acuerdo. Yo que no tengo religión, pero que conozco mucho a la cristiana he visitado casi todos los lugares de Israel vinculados al cristianismo. Me había propuesto, incluso, realizar el recorrido de la Vía Dolorosa, que se supone que es el recorrido original del Vía Crucis. Sabía que los franciscanos hacían todos los viernes el recorrido y tuve intención de ir, pero no pude. La fui a hacer por mi cuenta, pero me pareció excesivo. Me encontré con la quinta estación y el Cirineo y allí comencé sin mucho convencimiento mi recorrido que no llegué a acabar.

Gastar dinero


Gastar dinero. Israel . Jordania. Mayo 2019

No pido mucho, poder hablar sin cambiar la voz, 
caminar sin muletas, hacer el amor sin que haya que pedir 
permiso, escribir en un papel sin rayas. (Kiko Veneno).
Soy un anticonsumista, a veces exagerado. Curiosamente me he encontrado en este viaje con otras dos personas que son parecidos, Javier un músico que vive en China y que pronto va a comenzar a trabajar en la orquesta de Tel Aviv e Iris una zaragozana que vive en Israel desde hace años. Iris, que tiene una situación económica acomodada, me dijo esta ropa que llevo puesta me la han dado mis vecinos. Como saben que no consume, antes de tirar ropa usada se la dan ella.






Si en Israel estuve en mercados y mercadillos fue por conocer cómo se mueve la gente, qué compra, qué se vende y cómo, cuáles son los hábitos. Suelo pasar mucho tiempo en estos lugares, incluso en grandes superficies. Sólo de observador, no de consumidor. A estas alturas no sé consumir. Tengo problemas cuando debo gastar dinero por necesidad.


En Jordania tuve que sacar dinero de un cajero para pagar a un taxista. Al final, después de comer y demás me sobraban 45 dinares que debería gastar antes de volver a Israel. Comí sin ganas por ir gastando, bebí más refrescos que en todo lo que llevaba de viaje, compré los regalos con los que obsequio a mi familia cuando vuelvo, me compré unos pantalones porque se me rompieron los que llevaba y aún me quedaban 20 dinares, de los cuales 10 deberían ser para el taxista que me llevaría hasta la frontera. Después de tantos excesos aún me quedaban 10 dinares que fui incapaz de gastar. Cuando llegué a Israel debía coger un taxi hasta la estación de autobuses. El taxista me dio la opción de pagar en dinares y le entregué los 10 que me quedaban suponiendo para mí una liberación al haber consumido todo lo que tenía.

Interrogatorios en Israel.


Interrogatorios. Israel. Mayo 2019.

Las medidas de seguridad en Israel son escandalosas. A los dos días de estar ya estás acostumbrado y ves normal pasar por un arco de seguridad y un registro para entrar en un supermercado o para coger un autobús, por ejemplo. En los controles fronterizos también. Cuando entré de Jordania a Israel debía reunir todas las condiciones de sospechoso porque entre la gente que pasaba sólo a un árabe y a mí nos interrogaron.

Me preguntan que si viajo conmigo mismo (yourself), refiriéndose a solo. Contesté que sí, aunque la verdad es que querría haberle explicado la realidad de mi soledad, pero me faltaba mucho vocabulario para explicarle que a veces ni yo mismo me acompaño y el José Alberto pensante y el José Alberto viajero van cada uno por caminos distintos y en ocasiones irreconciliables.
Luego me pidió que le explicara por qué viajaba conmigo mismo. ¿Cómo explicarle que es el precio que tengo que pagar para sentirme libre (y no siempre)?, así que me encogí de hombros para darle a entender que no lo tenía claro.

¿Dónde va? A Jerusalén, respondí. ¿Tiene amigos allí? No ¿Tiene familia allí? ¿Para qué va?
Las respuestas en estos interrogatorios siempre son falsas. Se acomodan a lo que quiere escuchar el interrogador. La verdad es que tenía amigos en Jerusalén, lo que aún no los conocía. Iba a conocerlos. 
Sinagoga sefardí donde fui a conocer posibles hablantes
de ladino, porque me dijeron que era la que más vínculos
con España tenía. Quien estaba entonces no supo darme ninguna
razón de quién pudiera hablar ladino.

Para un ciudadano del mundo como yo que tiene por familia a la humanidad ¿cómo decirle que sí tenía familia? Me preguntarían por el nombre de todo y yo los desconocía porque no importaban los nombres, sino las personas. Eran familia mía, algunos parientes lejanos, muy lejanos y otros familiares con los que no me llevaba bien, pero para mí todos formábamos parte de la misma familia. La respuesta, ya lo he dicho, fue que no tenía familia. Si hubiera dicho la verdad igual no me dejan pasar. ¿Cómo iba a entender que palestinos y judíos son parte de mi familia?

¿Para qué va? Pues para conocerlos, debería haberle respondido. Me encogí de hombros. Debió pensar “este abuelo no sabe ni dónde va ni lo que quiere” y me dejó pasar la frontera del estado de Israel.

El ladino. Israel. Mayo 2019.


El ladino. Israel. Mayo 2019.

La comunidad etíope es muy numerosa en Tel Aviv. Hay un
barrio próximo a la estación de autobuses donde es difícil ver
a un blanco. Ellos no hablan ladino.
Los judíos españoles fueron expulsados de España en 1492. Desde entonces prácticamente no ha habido judíos en España. Por si quedaba alguno Franco los tenía en su punto de mira con aquello de la conspiración judeomasónica. Pero los judíos españoles expulsados en 1492 siguieron conservando su idioma, el español y en algunos casos la llave de su casa por si alguna vez conseguían volver. Uno de los objetivos que tenía en mi viaje era contactar con estos judíos para conocerlos de primera mano, ver su realidad y el recuerdo que generación tras generación se habían transmitido. En Tel Aviv me dijeron que allí no encontraría ninguno. Estuve en un sinagoga que era la más importante de los sefardíes, (los sefardíes son en su mayoría descendientes de españoles) a la que me remitieron, y me dijeron que no conocían a nadie. También estuve en Jerusalén en el barrio Ohe Moshe donde me dijeron que vivían los ladinos. Pregunté a casi todos los vecinos del barrio, pero no pude dar con ninguno. Sólo con unas mexicanas judías que estaban de turismo y que ellas conocían algunas canciones en ladino que me cantaron. Avi, mi amigo israelí en cuya casa me alojé, era sefardí. Sus abuelos hablaban ladino y él recordaba algunas palabras que había oído a su abuela y alguna canción que me cantó varias veces.

La única persona que hablaba ladino la encontré por casualidad en Tel Aviv. Le fui a preguntar por una dirección y por mi mal inglés y mi acento enseguida dedujo que era español y se puso a hablar un español torpe, pero entendible conmigo. Hablaba ladino. Sus padres, descendientes de españoles, vivían en Turquía, hablaban entre ellos en turco, pero con sus hijos en español medieval y así lo aprendió. Llevaba muchos años sin hablar con nadie en ladino y de ahí su torpeza al hablar. Él ya no lo hablaba con su familia y se podía dar por perdido en lo que a su rama se refería.
Lo que he podido constatar es que en Israel es difícil encontrar a alguien que lo hable y los pocos que lo hacen son los últimos que conservan este legado cultural. Creo que algún ministerio o el Instituto Cervantes deberían hacer algo porque será una gran pérdida.

Hablando español. Tel Aviv. Mayo 2019.


Hablando español. Tel Aviv. Mayo 2019.

Hace unos años me encontré en Moscú a una pareja de abueletes de Zaragoza que me daba la impresión de que iban un poco perdidos. Viajaban solos. No estaban perdidos, se defendían preguntando todo, volviendo hacia atrás si les decían que por allí no y volviendo a intentarlo de otra forma. Pensé que sin querer se habían metido en un viaje a Rusia. Hablé con ellos y mi sorpresa fue escucharles que ya era el séptimo viaje que hacían a Rusia y que iban ellos solos, por su cuenta, algún año habían ido con otra pareja. Les pregunté si hablaban ruso. No hablaban ni ruso, ni inglés. ¿Cómo hacéis para entenderos? Me dijeron que en todas partes había alguien que sabía español. Me quedé sorprendido porque no creía que fuera así.

No sé si será una experiencia que conlleva la edad, pero me está pasando algo semejante. En casi todo momento que estoy en apuros sale alguien hablando español, que sabe de qué va la cosa y me echa una mano.

Playa de Tel Aviv con el moquero mojado al cuello para refrescarme.
En Tel Aviv debía coger un autobús el sábado, fiesta total para los judíos. Todos con los que me relacionaba me habían dicho que no había autobús el sábado. En internet quetodolosabe ponía que no había autobús el sábado. Fui a la estación y me dijeron que sí, que salía uno a las once. Como era una situación confusa para mí porque en ninguna parte ponía que hubiera autobús, hacía preguntas y expresiones absurdas en mi limitadísimo inglés. La informadora me lo dijo bien claro en español. Ante una situación de apuro allí estaba el hada de los abueletes.

El sábado cuando fui a tomar el autobús la estación estaba cerrada. Daba vueltas por uno y otro lado (una estación enorme) y todo cerrado. Pregunté en alguno de los comercios que estaban abiertos en los bajos de la estación y todos me decían lo mismo, que la estación no se abría hasta por la tarde porque era sabat. Yo decía que tenía un autobús a las once. Me decían que era imposible. Seguía caminando por ver si por alguna rendija podía meterme a la estación. Entonces acudió en mi ayuda una chica sudamericana que me dijo que no me preocupara, que la estación la abrirían a las diez y media y debía estar en determinada puerta. Así fue.

La torre de Babel de Petra


La torre de Babel e Petra. Mayo 2019.

Para entrar en Petra tienes que pasar por taquilla. Unos sesenta euros la entrada de un día. Por lo tanto Petra es una ciudad museo en la que sólo hay turistas. Los únicos lugareños son los que trabajan para los turistas. La mayoría de turistas van en grupos organizados con su guía con su bandera que se va abriendo paso por entre la gente. Para quien va de verso libre como yo resulta interesante ir escuchando explicaciones en todas las lenguas, aquí coreanos, al otro lado chinos, muy cerca un grupo de argentinos, unos pasos más adelante ingleses, detrás unos alemanes y así un montón de lenguajes distintos.

Edificio denominado Monasterio de Petra, a donde no todo el mundo llega.
La de veces que me he acordado de la mala leche de Dios que porque unos hombres intentaron hacer una torre que no llegaba a la décima parte de cualquier rascacielos actual confundió a todos haciéndoles hablar lenguas distintas. Con lo cómodo que hubiera resultado dejar el español para todo el mundo, con lo fácil que es de entender y hablar.

Yendo por Petra una pareja iba unos metros detrás de mí hablando en inglés. En un momento la chica dijo en español: “ya no puedo más, déjame hablar en español”. Su compañero se quedó callado y mirándola sin contestar, yo que me había girado al escuchar la expresión que me sorprendió y vi la expresión callada del compañero, le dije: “yo te dejo”. Nos reímos y me explicó que hablaba perfectamente inglés porque vivía desde hace tiempo en Londres, pero con el calor que hacía en Petra le suponía un esfuerzo añadido hablar en inglés y aún sudaba más. Necesitaba hablar en español para relajarse y durante un paseo estuvimos hablando de vida y milagros de cada uno en la torre de Babel de Petra.


Petra. Mayo 2019.

No sé por qué cuando alguna vez veía alguna información sobre Petra me parecía que yo nunca iba a estar allí. Son esos bloqueos a los que uno está condenado. He estado dos días en Petra. La mayoría de los turistas que van con un viaje organizado suelen estar un día y creen que lo han visto todo. Yo en dos días y andando ligero he dejado muchas cosas por ver. Es cierto que puede llegar un momento en el que tantas piedras llegan a empalagar y ya te da igual ver una más que otra. En algún momento tuve esa sensación el primer día, pero no el segundo que me ha permitido saborearlo todo lo que he visto con mayor placer.

No imaginaba que la ciudad antigua de Petra fuera tan extensa, pensaba que sería poco más de las imágenes que habitualmente vemos en revistas. Tiene un teatro cavado en la tierra, que según tenía capacidad para 8.000 y otros dicen que para 4.000. Es fácil contar los que caben, a no ser que uno los ponga muy pretetes. Se considera que habría unos 20.000 habitantes. Una barbaridad para la época y para la situación en medio de un desierto.

El moquero resulta imprescindible para cualquier viaje
Aplaca el calor, sirve para hacer algún atraco, tapar una herida,
incluso para limpiarse los mocos entre otras muchísimas
aplicaciones.
El mayor problema es el aire acondicionado de la ciudad. Como está en el desierto para darle ambiente lo ponen a una temperatura altísima y resulta muy molesto, sobre todo subiendo las eternas escalinatas que llevan hasta un punto denominado Monasterio, que es precioso y al que la mayoría de los turistas que van en grupo no suelen llegar.

Por el medio de Petra en todos lados hay niños pequeños vendiendo y gente alquilando burros para llevarte hasta el punto que quieras incluyendo los que tienen una acceso difícil por escalinatas difíciles para algunos humanos y de peldaños incontables. En el papel que te entregan junto al plano y en el documental que proyectan antes de la entrada en Petra te da una serie de consejos entre los que dice que debes denunciar si se maltrata a los animales, si se les hace subir por escaleras y si hay niños trabajando. Hay cientos de niños, de ocho o diez años, trabajando y centenares de burros subiendo por las escaleras llevando en sus lomos a rollizos turistas. Por supuesto delante de otros cientos de policías de todo tipo.

jueves, 8 de agosto de 2019

Precios en Jordania e Israel


Mayo 2019.


Jafa al sur de Tel Aviv.
Es muy común en países poco desarrollados que los precios de todas las cosas sean distintos para los locales y los turistas. En Jordania es escandaloso. No es que tengan dos listas de precios, sino que al turista le cobran según la cara que le vean, tres, cuatro, cinco o seis veces más que al local. Fui a comprar pan de pita a una panadería y al jordano que estaba delante le cobraron cuarenta céntimos y a mí un dinar. El dueño del hotel me advirtió que tuviera cuidado con los precios porque a los turistas nos aplicaban otro. Que si tenía alguna duda que confiara en él. Me lo dijo nada más llegar. Le pregunté si tenía agua para venderme, porque el agua de aquí para los occidentales nos puede producir cagaleras, me dijo que sí y me vendió una botella por un dinar. En las tiendas, en las que venden más caro a los turistas, sólo valía medio dinar. Así que la primera en la frente.
En Israel no te engañan. Los precios son los mismos para todos. Sólo en algún barrio palestino es necesario regatear. No hace falta el engaño. Excepto el transporte, todo es carísimo. Estaba hablando con un alicantino de la caro que era todo y me dijo que se había encontrado a un sueco y se había asombrado de lo caro que estaba todo. No es necesaria más explicación.

Ramadán en Jordania.


Jordania. Mayo 2019.

Ramadán en Jordania.

En Wadi Musa, que es la ciudad que está a las puertas de Petra, imagino que casi todos sus habitantes son musulmanes. Lo palizas que son estos días del Ramadán es inimaginable. Cada poco están lanzando cánticos, oraciones, plegarias o yo qué sé desde la mezquita con unos altavoces tan potentes que se escuchan en toda la población, que aunque no debe tener muchos habitantes es muy extensa. Mi habitación, que está bien aislada, no puede parar el grito del muecín. Y no es una llamada a la oración, sino que se puede pasar más de veinte minutos con un hablar cantarín que se mete en los sentidos (cuando esto escribo ya lleva cerca de una hora y aún sigue, una hora después para no aburrir se ha dirigido a los musulmanes y a mí la voz de un niño, llevamos con el salmo o lo que sea más de hora y cuarto y la cosa parece no tener fin). De vez en cuando carraspea y también se oye en todo el pueblo sus carraspeos. No sólo durante el día, también durante la noche. La primera noche me despertaron sus oraciones primero sobre la una de la mañana y luego sobre las tres. En los dos casos veinte minutos de plegarias.

Deben tener algún remordimiento porque me invitaron a tomar dátiles, dulces, un vaso de agua y otro de una especie de yogur tan líquido como la leche y muy salado. De vuelta al hotelillo donde estoy alojado, el dueño estaba en la recepción haciendo sus oraciones mirando a la Meca sobre una alfombra. Cuando acabó dejó la alfombra y cogió el móvil.

Ramadán de Tel Aviv


Israel. Mayo 2019.

Ramadán en Tel Aviv.

Son días de Ramadán y no lo he notado en la calle ni entre los árabes de Israel, ni entre los de Jordania, salvo los detalles que ahora cuento.
Comunidad católica  etíope en Jafa, junto a Tel Aviv
Jaffa es una ciudad antigua al sur de Tel Aviv sin discontinuidad. Fui caminando. Era el atardecer y los musulmanes estaban preparando en una mezquita la comida para romper el ayuno. Me vieron, me invitaron a pasar a la mezquita, preciosa, y luego me invitaron a quedarme a comer con ellos, les pregunté el precio y me dijeron que no tenía, que Alá pagaba. En cualquier circunstancia me hubiera quedado, pero en ese instante estaban los israelíes a tiros con los palestinos en Gaza y había varios muertos en uno y otro bando. Imaginé a uno de esos jóvenes judíos que iban con una metralleta que perdía el control y entraba en la mezquita y entre todos los que estábamos la mejor forma de hacer el blanco era disparando contra mí que destacaba bastante con mis compañeros de piel morena. Decliné la invitación y cuando salía me dije; este no es mi José Alberto y aún estuve tentado de volver a entrar, pero no lo hice.

La aventura de entrar en Jordania


Jordania. Mayo 2019

La aventura de entrar en Jordania.

Pasé a Jordania desde la frontera de Eilot, que está al sur junto al mar Rojo. Es la única frontera en la que ponen menos pegas y además es la más cercana a Petra. No se puede pasar en ningún tipo de vehículo, sólo caminando. Llegar al control de aduana de Jordania ya dice mucho del país. Hay diversas puertas y ventanillas numeradas. Cuando yo pasaba, sólo había cuatro personas más. Me dirigen a la puerta diez. Me piden un papel, que no tengo. Me envían a la ventanilla ocho. Allí no hay nadie. Al fondo hay otra persona aparentemente ocupada. Sigo esperando y mirando una y otra vez a ver si la ventanilla es la ocho. Al cabo de un buen rato viene un funcionario, me pide otro papel, le digo que no lo tengo, me envía a la ventanilla cuatro. Allí hay un funcionario hablando por teléfono tumbado de medio lado hablando por teléfono. Cuando le parece bien me dice que qué quiero, le digo que me envían de la ventanilla ocho, me dice que si tengo visado, le digo que no y me da un papel para que lo rellene y se vuelve a tumbar y a hablar por teléfono. Lo único que tenía que rellenar era mi nombre y el número de pasaporte, lo hago, se lo entrego, me pone un sello y me envía a la ventanilla ocho. En la ventanilla ocho me dan autorización para poder entrar. Y me digo por fin. Vana ilusión. Los problemas acababan de comenzar. Los otros cuatro que estaban pasando el control tenían toda la documentación que me pedían a mí en las ventanillas, estaban antes que yo y salieron bastante más tarde. Les dije si no les importaría compartir taxi conmigo, si era posible. Me dijeron que sí.

Como se entra a pie, sólo puedes llegar a la población más cercana, que es Áqaba en taxi o autobús. Como salí antes fui a la parada del taxi para negociar el precio y preguntar si era posible ir los cinco en un taxi. Me dicen que el precio es de 50 dinares, pero que no podíamos ir cinco porque si nos cogía la policía nos multaría e íbamos a tener muchos problemas. Entonces decido esperar a otra gente para compartir el taxi. Al poco se acerca un taxista y me dice que nos puede llevar a los cinco, pero pagando 60 dinares, por 10 dinares desaparecían los problemas con la policía. Cuando llegan los cuatro, me dicen que no nos llevan a los cinco, que cojamos dos taxis. Dejo que ellos vayan en un taxi y me quedo a esperar otro grupo, a los cuatro les dicen que los llevan por 55 dinares. Se van.
Me quedo esperando a ver si viene más gente que vaya a Petra para compartir taxi. Se acerca un taxista y se ofrece a llevarme por 35 dinares. Los otros taxistas se enteran y montan una bronca. Hacen todos piña y me dicen que sólo por 55 dinares. En la explanada hay un autobús y pregunto que a dónde va. Me dicen que a Áqaba y pienso que es una opción y de Áqaba me voy en otro autobús hasta Petra. Voy a subir y me dicen que no subo, que no me dejan subir. Pregunto que por qué y un tipo gritando me dice porque el autobús es suyo y monta el que el quiere y yo no voy a subir. Hago intención de subir y me lo impiden. Se habían puesto de acuerdo con los taxistas para que cogiera un taxi. Vuelvo a la zona de taxis, puesto que es mi única salida. Al poco llegan dos chicos que iban a ePetra, les pregunto si podemos ir juntos, me dicen que sí, vamos los tres a un taxi y entonces los taxistas me dicen que yo no puedo montar, que el taxi sólo es para los otros dos. Si quiero ir a Petra debo coger un taxi yo sólo. Viendo que me quedaba atrapado les ofrezco más dinero por el taxi compartido y me dicen que no. Un taxi para mí solo. Se van los dos chicos y me quedo a merced de los taxistas. Les miro, miro en dirección a Áqaba que está a unos diez kilómetros y me digo que me voy caminando. Con paso ligero voy abandonando taxis y autobuses, no llevaba ni cien metros cuando comienzo a escuchar voces y gritos de los que dejaba atrás. Ya no me giré y seguí andando, pensando que aunque era una solución menos mala, era la solución y sobre todo para mi orgullo. Cuando llevaba unos tres kilómetros caminando se acerca hasta mí un Jeep del ejército. Me dicen que no podía ir andando por esa zona con unas explicaciones de unas cámaras y no sé qué más que no logré entender. Los taxistas habían llamado a los soldados para que tuviera que pasar por el aro. Les dije a los soldados que iba a Áqaba. Me dijeron que no podía caminar en esa zona, que tenía que volver. Les dije que no volvía, porque no se podía caminar por esa zona. Ellos insistiendo en que volviera. Yo les di la solución; me monto en el Jeep y me llevan ellos a Áqaba. Se miraban entre ellos y no entendían que este viejo maño tuviera los cojoncicos que tenía, pequeños pero prietos. Ellos seguían en que tenía que volver y yo en que me llevaran. Al final hicieron un gesto para que subiera. 

No las tenía todas conmigo y pensé que me iban a devolver a la frontera así que decidí que si hacían eso yo haría intención de tirarme del Jeep (sólo intención). Salieron muy despacio y yo pensando ahora dan la vuelta, pasaba un coche y no pudieron darla, luego siguieron hacia Áqaba y yo los imaginaba discutiendo qué hacían. Tomaron la decisión correcta y me llevaron hacia Áqaba. El Jeep tipo pikup, sin asientos detrás y con barras antivuelcos me obligaba a ir de pie muy ufano mirando por encima a los taxis y autobuses que nos adelantaban. Antes de llegar a Áqaba había un control de pasaportes y me hicieron bajar. Bajé y continué caminando hacia Áqaba. A esas alturas toda Jordania conocía mi postura. Vino un taxista a ofrecerse para llevarme a la estación. Lo ignoré. Me dijo que me llevaba por tres dinares, seguí caminando y sin saber si era bueno o malo el precio le dije orgulloso que no. Se quedó mirándome el hombre pensando que no tenía solución, me giré y por decir algo le dije que por dos dinares. Me dijo que sí. Estaba al tanto de toda mi historia. Sin decirle que iba a Petra me dice que si quería me llevaba a Petra por 35 dinares. Le contesté que no, que iba a la estación de autobuses. Comenzó a darme argumentos de que no podía por menos de 35, que era Ramadán y cosas así. Le dije que me llevara a la estación de autobuses. Bajó a 30 dinares. Le dije que no. Le ofrecí 25. Por 25 era imposible. Me dijo que ya no había autobuses que él sabía los horarios, que 30 era un buen precio (y realmente lo era), pero ante todo lo que él decía (llego a parar el taxi en medio de la carretera para discutir conmigo) yo sólo le decía que si quería 25 podíamos continuar a Petra. Él me dijo que no continuó con el coche y discutiendo conmigo y hablando por teléfono. Vuelve a parar y baja del coche y se va hacia atrás a hablar con el conductor de otro taxi. Vuelve y me dice que 25, pero que me iba a llevar el otro taxi. Había localizado a un taxi de Petra que se tenía que regresar de vacío y era el que me llevaba por 25 dinares.
La aventura que podía haber acabado conmigo sólo en el desierto, detenido por el ejército, apaleado por los taxistas, acabó unas tres horas y media después en Wadi Musa, que es la ciudad que está a las puertas de Petra.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Conmemoración de Holocausto


Israel. 8 de mayo 2019. 

Conmemoración del Holocausto.

Paseando por Tel Aviv a las once de la mañana ha vuelto a sonar la sirena. Todos quietos. Como ya sabía a qué se debía he tenido tiempo para analizar la situación. Parecía una fotografía de todo el mundo. Parecía que nadie pestañeaba. Quizás haya sido yo el único que se ha movido, con mucho cuidado, para sacar la cámara de fotos. Los conductores fuera de sus coches que habían parado en el lugar donde se encontraban, ya fuera un cruce o una avenida. Entonces me he acordado de la visita que hice hace unos años al campo de concentración de Mathausen, me he vuelto a estremecer con el recuerdo y no he podido reprimir unas lágrimas. De qué somos capaces los humanos, que no aprendemos. Somos capaces de recordar nuestro dolores, pero no de los que estamos infligiendo. Algunos palestinos tendrían algo que decir. Otros, los muertos, han dejado de decir eternamente. Horrible.

No es una guerra, pero se le parece.


Israel. 7 de mayo. 

No es una guerra pero se le parece. Parte 2

En el albergue donde estoy hay un cartel que dice que una habitación, la que yo estoy, es el bunker del albergue y que si se escucha una sirena se debe correr dentro y permanecer allí hasta que deje de sonar. Uno se acostumbra a ver el cartel a todas horas, pero es el único sitio donde he visto una cosa así.
Iba por la noche por una zona poco transitada por los peatones, aunque sí por vehículos y a las ocho en punto de la noche, aquí es de noche a esas horas, suena una sirena. Es difícil de describir, es una sirena, o varias, que se escucha en todos los rincones de una población tan grande como Zaragoza. No sabía que hacer. Delante de mí a unos treinta metros había una chica y me he dicho, lo que haga ella haré yo, si sale corriendo, detrás de ella a donde me lleve. Para mi sorpresa se ha quedado clavada en el sitio como una estatua. Al instante se han parado todos los vehículos y sus ocupantes han salido de ellos y se han puesto quietos en la calzada. He hecho lo mismo sin saber si esa iba a ser la forma que me tenía destinada la Providencia para morir por Israel. Durante un largo minuto ha sonado la sirena. Luego todo el mundo se ha metido en sus coches y la chica a continuado caminando. La he alcanzado para preguntarle. Me ha explicado que era en conmemoración del holocausto. El análisis de la situación, aunque posterior, me ha estremecido.

Recalo en Tel Aviv


6 mayo 2019

Israel. No es la guerra pero se le parece.

He recalado en Tel Aviv, los problemas con los árabes les quedan tan lejos como a los españoles les quedaban los de ETA. Duele, pero es algo lejano.
La foto corresponde a la parte palestina del muro que separa
Jerusalén de Belén en Cisjordania.
La sorpresa para un español es ver a muchísimos jóvenes vestidos de militar por las calles. No patrullando, sino yendo de un lugar a otro como si fueran colegiales con el uniforme, en este caso kaki. Son chavales que tienen sobre los 20 años que en muchos casos llevan una ametralladora casi tan grande como ellos, tanto chicos como chicas. Algunos llevan pegatinas sobre el hierro del arma. Nada que ver con el recuerdo de la mili de los que la hicimos en España. Los encuentras en el bar tomando una cerveza y con la ametralladora colgando. A cada instante me asalta la duda de si alguno no se volverá loco y comenzará a disparar a diestro y siniestro. Luego te acostumbras y parece una forma más de paisanaje. También he visto a un joven que llevaba una pistola en la parte de atrás del pantalón sobresaliendo a la vista de todos. Vamos, todo muy normal.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Vuelta a casa. Serbia.


Vuelta a casa. Serbia 2 octubre 2018

El aeropuerto de Belgrado no dispone de la posibilidad de hacer el registro por medio de internet. Ya hacía tanto tiempo que no lo hacía manualmente que tenía ciertas dudas de si subiría al avión presentando sólo el carné de identidad. Esperé al lado de una chica española y descubrí que su duda era la misma. No hubo problema. El DNI fue suficiente.

La chica, muy maja de carácter y joven de edad, y yo tuvimos una conversación amena y agradable, hasta que se manifestó como nacionalista gallega y siendo estudiantes del último año de economía me justificó su nacionalismo diciendo que los de Teruel nos llevábamos el dinero de los gallegos para mantener nuestros naranjos y que Galicia mantenía el suministro eléctrico de España gracias a sus dos centrales nucleares.

No discutí, hablamos de cosas más importantes para seguir manteniendo nuestra amistad efímera. Así que desde entonces estoy buscando los naranjos turolenses y consumiendo energía nuclear gallega cada vez que le doy al interruptor.

Nuevo Belgrado. Serbia


Nuevo Belgrado. Serbia 1 de octubre 2018.

Junto al río Sava se levanta Nuevo Belgrado, que forma parte del área metropolitana de Belgrado. Nadie suele recomendar su visita. Un paseo por esta ciudad va descubriendo muchas cosas con gustos y disgustos. Las zonas verdes son amplias. Los edificios están agrupados en manzanas que en su interior albergan en grandes zonas abiertas diversos servicios, desde pistas de tenis a restaurantes y bares o tiendas.

Surgió en el periodo comunista y es que estos comunistas no sabían hacer las cosas bien, ni aun partiendo de cero. Los edificios se ven decrépitos. Parece que olvidaron que en un futuro los trabajadores podrían llegar a tener vehículos y no hay garajes. Las partes interiores de los patios resultan tristes. Las distancias entre los bloques es grande. Los espacios abiertos son muy generosos.
Mi conclusión es que podía haber sido mucho mejor y no debe dejar de visitarse entrando en los patios interiores para descubrir distintas funciones a las que se han destinado.

Oficios. Serbia


Oficios. Serbia 29 septiembre 2018
Paseando por las calles de Belgrado descubres muchos comercios donde se prestan servicios que en otros países están desaparecidos, o casi. Algunas de las farmacias tienen el encanto de parecer estar preparando continuamente recetas magistrales.
Pasé por una perfumería, donde no vendían perfumes de marca anunciados en televisión, sino que elaboraban tu propio perfume como en la obra “El perfume” del alemán Patrick Süskind. Es otra opción que presenta hoy Belgrado, ir descubriendo establecimientos únicos.

La mezquita y otras hierbas. Serbia


La mezquita y otras yerbas. Serbia 29 septiembre 2018.

Toledo se vende como la ciudad de las tres culturas (cristiana, musulmana y judía). Novi Sad va más allá y se anuncia como la ciudad de las siete religiones. En Belgrado, hay templos para ortodoxos serbios, para ortodoxos ortodoxos, para católicos, sinagogas y mezquitas. Imagino que aún habrá más porque esto de las religiones prolifera como los puestos de palomitas de maíz.

La ventaja que tienen las religiones, es que como realizar templos les salía muy barato, hay algunos realmente hermosos. Hoy, sin buscarlo, me he encontrado con una mezquita realmente bonita. Coqueta, construida en piedra, acogedora. Tanto que me ha entrado el punto místico y he estado a punto de recitar el Corán. No figuraba en ninguna referencia turística como lugar de interés. Para mí ha sido un agradable descubrimiento.

Serbia y Europa.


Serbia y Europa. Serbia 28 de septiembre de 2018

Imagino que los serbios querrán formar parte de la Unión Europea. Me he fijado en las matrículas de los vehículos serbios, y también de otras repúblicas de la antigua Yugoslavia. Son iguales que las de España, con la misma distribución, pero en la parte azul de la matrícula, donde está el nombre del país, en la parte de abajo pone, como es lógico SRB, que corresponde a Serbia. Encima de las iniciales continúa el azul a la espera de que un día ingresen en la Unión Europea y puedan imprimir su círculo de estrellas.


Los semáforos. Serbia.


Los semáforos. Serbia. 27 septiembre 2018

En una ocasión, en Nueva York, había un semáforo en rojo para los peatones. Una policía estaba a mi lado y no crucé la calzada por temor a que me dijera algo a pesar de que no pasaba ningún coche. La policía me miró y me preguntó que por qué no pasaba. Le dije, que porque el semáforo estaba en rojo. Me preguntó, ¿pero pasa algún coche? No. Entonces qué coño haces esperando. Creo que esa ha sido la única vez en mi vida que he esperado en un semáforo pudiendo pasar y tuve la suerte que una policía me pusiera en mi sitio.

Creo que es genético. No puedo esperar, a cruzar la calle aunque me juegue la vida. Es genético. Mi padre hacía lo mismo.
En Belgrado todavía me he aventurado más y es que los semáforos en rojo para los peatones van marcando los segundos que quedan para que se tornen verdes. Me desespera que me diga: “te quedan 90 segundos hasta que puedas pasar y mientras lo único que puedes hacer es contemplar cómo pasa tu vida, segundo a segundo delante de mí”. Pues no. Me lanzo al ataque y cruzo en cuanto puedo y le digo al semáforo: “ahí te quedas con tus segundos, adminístralos como puedas, pero yo ya estoy al otro lado disfrutándolos”.

Aquí estuvo el anciano lobo estepario. Serbia.


El lobo estepario estuvo aquí. Serbia. Septiembre 2018

Siendo un adolescente leí “El lobo estepario” de Hermann Hess. Es de los libros que dejan huella en los adolescentes. Luego lo he releído varias veces y tengo dudas de si hemos llevado vidas paralelas o soy producto de la lectura del libro. Lo cierto es que soy un lobo estepario. Si alguna variación hay es en que cada vez soy un poco menos lobo, por la edad, pero más estepario. Viajo solo y no sé viajar en compañía y me cuesta trabajo permanecer al lado de las compañías ocasionales. La soledad, mi continua soledad es el precio que debo pagar a mi libertad.

Disfruto con esa sensación de libertad cuando estoy corriendo por lugares solitarios sin que nadie en el mundo sepa dónde estoy, saludando a las personas que desconozco y me encuentro, dándolas a entender que pertenezco a su mismo grupo de animales, pero poco más. A veces entablo conversaciones, que pueden ser breves o largas, pero con final definido, sin continuidad ni dependencia.

En ocasiones me gusta dejar una huella. Una huella diminuta en lugares que posiblemente no vea nadie. Pongo una pegatina de las que me hizo mi hermano Kike en las que con una caricatura que me hizo mi hija Violeta pone “aquí estuvo el anciano lobo estepario”. Las pongo en lugares donde no molesten, no ensucien y posiblemente nadie las vea. Es la pequeña ilusión, ilusa, pensando que el lobo dejó una huella en el barro en Belgrado, como si la lluvia y el viento no fuera a borrar esa huella a las pocas horas.

Aquí estuvo el anciano lobo estepario. (En el planeta Tierra).

domingo, 11 de noviembre de 2018


Medio maratón. Serbia 30 septiembre 2018

No había ido a Serbia a correr medio maratón, pero casualmente, durante mi estancia había programado uno, así que me apunté.

Generalmente cuando me voy a alguna carrera nadie me dice nada. Salgo de casa, corro y vuelvo. Entonces mi hija me pregunta ¿Y? y es cuando le cuento cómo me ha ido y lo que me he cansado.

En la casa donde vivo, además de los dueños, que ahora se han ido a casa de los padres de ella, hay un norteamericano y una alemana. Los dueños, el norteamericano y la alemana me han deseado suerte en mi carrera. Incluso el americano, cuando ha escuchado que me había levantado para irme a correr, se ha levantado para desearme suerte. Es todo un acontecimiento sentimental en mi vida de lobo estepario.

Los serbios no corren mucho, porque haciendo un mal tiempo he quedado el 71 de entre unos 800 corredores y en mi categoría de anciano el primero. 

De la carrera guardo dos detalles. Uno es que siendo yo que soy antinacionalista, en las carreras saco de mi bolsillo la bandera de España y la levanto en el último o dos últimos kilómetros. He sido jaleado, por el poco público que había y he escuchado gritos a favor de España. Soy patriota en oposición a nacionalista. 

El otro detalle es que a mitad de carrera, más o menos, que discurría por el Nuevo Belgrado, había tres abuelas que posiblemente estaban esperando a que pasáramos los corredores para cruzar la avenida y al verme han gritado entusiasmadas “Bravo (luego algo que no he entendido) generacie”. Me ha quedado claro que se alegraban de que hubiera un corredor de su generación. Me han seguido aplaudiendo y jaleando entusiasmadas hasta que me han perdido de vista. Yo les he correspondido con sonrisas y saludos. El anciano lobo estepario corriendo.


Las palomitas. Serbia.


Las palomitas. Serbia. 26 septiembre 20018

Si se tiene en cuenta el número de puestos callejeros que venden palomitas de maíz y helados, llegamos fácilmente a la conclusión que para que estos negocios sobrevivan es necesario que cada serbio se coma media docena de bolsas de palomitas cada día y cinco helados.

Cada pocos pasos hay un puesto. Es economía de subsistencia. No puede dar mucho de sí. Es obvio. A veces veo a una chica en su puesto de palomitas, detrás de una montaña de copos de maíz y que se lleva un puñado de su mercancía a la boca. Tiene que ser el hastío porque pasarse ocho o diez horas diarias detrás de un montón de palomitas un día sí y otro también tiene que ser motivo suficiente para aborrecerlas.

Me ha llamado la atención la forma correcta de vestir de los vendedores. No tenía por qué ser incorrecta, por supuesto, pero algunos parecen trabajar para el Corte Inglés, con su traje y su compostura de dandi esperando que alguien compre un cucurucho de palomitas o un helado con el mismo sabor que el del puesto que está a ciento cincuenta metros.

Es la economía de supervivencia.

El Danubio y la isla de Ada. Serbia.


El Danubio y la isla de Ada. Serbia. 25 de septiembre 2018

Al proceder de una tierra donde el agua es escasa, donde el Guadalope es un pequeño aprendiz de río, contemplar el Danubio me produce un placer que cada día se va renovando. 

Me he pasado mucho tiempo contemplándolo. Imaginando qué se podía hacer con tanta agua en mi pueblo. Calculando con qué tramo del Danubio se puede llenar uno de los pantanos que regulan el Guadalope en unos segundos. 

Me fascina la vida que se desarrolla en torno al río. Pescadores, barcos con pasajeros, incluso barcos militares, viviendas y restaurantes flotantes y sobre todo mucha vegetación, muchos peces y muchas aves. Mucha vida de todo tipo.

Casi todas las mañanas he ido corriendo por su ribera en un paseo peatonal y para bicicletas que es magnífico. Lo he disfrutado corriendo. Hoy lo he querido disfrutar caminando.

Me he ido desde casa hasta la isla de Ada, que está en el río Sava, un afluente del Danubio que desemboca en Belgrado. Como no es temporada turística, hay poca gente y muchos establecimientos están cerrados. Me ha hecho un día espléndido, con el sol justo. Aunque no suelo comer cadáveres, no tenía muchas opciones y me he comido una pljeskavica que es una hamburguesa serbia, con mis patatas fritas y todo. Me ha sentado estupendamente sentado junto al río.

Un brazo del río Sava a su paso por la isla de Ada está cerrado en sus extremos y forma un lago artificial al que he dado la vuelta, unos ocho kilómetros disfrutando de cada paso. A veces el placer está en cosas tan sencillas que desearíamos que nos cobraran para saber su precio, que no su valor.

Cuando abandonaba la isla y el lago iba volviendo la cabeza a cada instante para asegurarme de que iba a mantener en el recuerdo todas las gratas sensaciones que había sentido.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Novi Sad. Serbia


Novi Sad. Serbia 24 septiembre 2018

Entrar en la plaza del Ayuntamiento de Novi Sad impresiona gratamente. Más en mi caso que accedí a través de algunas callejuelas. Llegar a una plaza abierta, con proporciones muy humanas, colorida pero lo justo y con un ambiente, el que yo vi, ameno pero no agobiante es un lujo.

Novi Sad es la segunda población en tamaño de Serbia. La zona central es la más bonita. A mí me satisfizo pasear una y otra vez por las mismas calles y meterme por unos callejones que pasan por entremedio de las casas con algunas tiendas o rincones sorprendentes. Estuve toda una mañana andando y desandando.

Por la tarde fui, también caminando, está muy cerca, a ver la fortaleza de Petrovaradin. Es una fortaleza inmensa que según cuentan no pudo ser nunca conquistada. Para hacerse una idea de las dimensiones sólo hay que tener en cuenta que su interior sobrepasa las 100 hectáreas (200 campos de fútbol y no cien como dicen muchos periodistas).
Desde la cima, la imagen del Danubio, del que me he enamorado, vuelve a ser espectacular.
Antes de volver a casa, para guardar una buena imagen en la retina me he vuelto a pasar por la plaza del Ayuntamiento. Me he sentado un rato y he escuchado a un anciano que vestido con ropas tradicionales cantaba música serbia.

domingo, 4 de noviembre de 2018

El muerto. Belgrado.


El muerto. Serbia 23 septiembre 2018
La calle Mihaila de Belgrado es peatonal. Viene a ser como Las Ramblas de Barcelona, donde se dan cita todos los turistas. Muchos de los días que he estado en Belgrado, antes de volver a casa me daba un paseo de extremo a extremo de la calle donde hay algún espectáculo callejero (muy pocos), y un buen ambiente.

Toda Serbia está lleno de dos tipos de puestos callejeros; los de helados y los que venden palomitas.

En la calle Mihaila, al final había un puesto de helados. Paseando llegué hasta el final, vi a dos policías y dos paisanos, que no llamaban la atención, la gente paseaba tranquilamente, como todos los días, pero a mí me llamó la atención que a sus pies había una persona a la que habían puesto un plástico para cubrirla. Era un hombre muerto. 

Debía haber fallecido hacía muy poco porque no había ni servicios sanitarios, ni juez ni nadie.
Es uno de esos momentos de meditación obligada. Un hombre que había salido de su casa con las ilusiones de todos los días y que sin imaginarlo había encontrado el final junto a un puesto callejero de venta de helados. Supuse que había sido una muerte fulminante.

Al día siguiente, cuando pasé por el mismo lugar, el puesto de helados estaba cerrado y también al siguiente, por lo que deduje que el muerto era el hombre que tenía el puesto. Al cuarto día el puesto estaba abierto. Ignoro si sería el mismo hombre o ya tenía un sustituto siguiendo la máxima de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.