martes, 26 de septiembre de 2017

Me mojo por Cataluña

El problema que existe entre Cataluña y el resto de España, es un problema publicitario que ha ganado claramente el independentismo catalán.

Hace unos años se desató una campaña publicitaria entre Coca Cola y Pepsi. En España la ganó claramente Coca Cola (hace muchos años que no veo una Pepsi). La ganó Coca Cola porque hizo creer que por el hecho de beber ese refresco íbamos a tener mejores parejas, los días de calor íbamos a vivirlos refrescados, con sólo tomar una Coca Cola en nuestras manos íbamos a acceder al mejor deportivo. Íbamos a cerrar los ojos y al abrirlos nos íbamos a encontrar en una playa de ensueño, todos iban a ser amigos nuestros incondicionales y estupideces así. En ningún lugar vi ni leí nada sobre sus componentes, sobre su efecto sobre la salud, sobre su precio de coste y de venta, sobre su contaminación, sobre la existencia de otros refrescos,...
Finalmente ganó Coca Cola y aquí seguimos los que no teníamos un deportivo, sin deportivo, los que tenemos una pareja que caga y mea todos los días, siguiendo cagando y meando y no precisamente rosas, los que no íbamos a pasar calor en verano echándole la culpa al cambio climático y en vez de la chispa de la vida muchos estamos electrocutados.

Hay una diferencia con el tema catalán. El Estado español (Pepsi) no ha hecho apenas publicidad, y la que ha hecho ha sido de pésima calidad.

He visto a catalanes salir en los medios de comunicación diciendo que España no les quiere y escuchar la respuesta de alguna ministra diciendo “os queremos”. El mensaje del catalanista sonaba a solemne, a sentirse sólo, abandonado, sin cariño, necesitado de un abrazo, pero que ya era tarde, ya había decidido vivir sin el amor de España. La ministra resultaba patética, ridícula, arrastrada por las circunstancias de un amor que ni tiene, ni siente, ni falta que le hace. ¿Cuál es el contenido? Ninguno. Si lo hubieran dejado en un lance de poetas o en una jota de picadillo no hubiera merecido ningún comentario, pero se ha tomado como un importante argumento independentista. No es más que publicidad. 1-O

Uno puede ser internacionalista, bueno, solidario, la madre de todas las oenegés, prosoviético, castrista, humilde trabajador, ilustre filósofo, la esencia de las virtudes, encarcelado del franquismo, pero como venga un nacionalista y te llame facha, ya te has quedado sin argumentos. Ya no hay respuesta posible. Ya te quedas pensando en qué habrás hecho mal, pero ya fachita para toda la vida. Es como si cuando te estás bebiendo la Pepsi siempre te dicen mierda. Al final cuando levantas el codo, hasta sientes el olor y ciertas naúseas. 2-O

La publicidad, que algunos llaman adoctrinamiento, comienza en las escuelas. Con el consentimiento de los profesores, un día llegan a clase los empleados de Coca Cola, te sacan al recreo y te regalan un botellín para que lo degustes con tus amigos. Es un día con cierto halo festivo, en el que aún no ha saltado la chispa de la vida, pero la tienes al alcance de la mano. Es un día en que se te invita a hacer una redacción sobre la buena bondad de nuestro pequeño mundo mundial. Entonces, siendo niño, te preguntas ¿es posible que haya un mundo mejor que éste que me brinda Coca Cola? Deseas que acaben las clases para llegar a casa y pedirle a tu madre el dinero necesario para comprarte una Coca Cola. Mientras la esperas, enciendes la televisión y ves un anuncio que dice “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz...” y el niño dice “yo formo parte de esta comunidad” mientras se impacienta por la tardanza de la madre. La labor ya está hecha. El niño ya será un cocaloadicto de por vida. Si cuando viene la madre le dice “no hijo mío, no te voy a dar dinero para una Coca Cola, porque tiene mucho azúcar y puede ser dañina para tu salud, porque no es necesario que la tomes ahora, porque no ando muy sobrada de dinero y lo principal es que meriendes,...”, la madre, por muy madre que sea, por mucho que la has querido hasta entonces, se ha convertido en una facha a la que dirás “no me quieres” y mientras se marca el 3-O podremos recrearnos con la reproducción del 1-O.

La estrategia de la publicidad es bien simple. Repetir y repetir. El peor vehículo del mundo si sale a todas horas en televisión pasará a ser el más vendido y los problemas mecánicos que uno tenga pensará que son una excepción, que es un buen coche que a él le ha salido malo. ¿Cuál ha sido el mensaje del independentismo? ¿La chispa de la vida? No, España nos roba. Se ha repetido como un mantra. Tanto es así, que estuve en Australia, me encontré con unos catalanes no nacionalistas y ¿qué me dijeron? “Es que España nos roba”. La diferencia sólo fue el “es que”. La publicidad funciona. ¿Qué significa España nos roba? Significa que yo, que soy parte de España, les he estado robando. Que yo soy un ladrón. Me lo están diciendo a la cara, porque España no tiene capacidad de robar, la tenemos cada uno de los ciudadanos españoles. Nadie les ha dicho “a mí no me llames ladrón o me cagaré en tu puta madre”. El eslogan publicitario ha funcionado tan bien, que hasta los ladrones de guante blanco catalanes lo repiten sin ninguna vergüenza, resultan creíbles y luego va el gobierno español, que no es España, y les promete dinero, inversiones, mejor trato, algo así como que aceptan que los españoles les hemos robado. Así que a los pocos minutos de partido ya vamos 4-O.

Las manifestaciones de partidarios en la calle, el sentirse arropado, el compartir la ilusión con otra mucha gente -si son desconocidos mucho mejor-, es otra táctica publicitaria. El hacer creer al participante que forma parte de una unidad poderosa, lo que Franco llamaba “una unidad de destino en lo universal”. Muchos nos preguntamos, si según las encuestas la sociedad catalana está dividida al cincuenta por ciento entre independentistas y no, ¿por qué no salen los no independentistas a la calle? Existen muchas explicaciones y muchos matices, pero fundamentalmente es por miedo. Los independentistas señalan y se tiene miedo a ser señalado. En todos los regímenes autoritarios, de izquierdas o de derechas, los partidarios se han manifestado haciendo alarde de su poderío e impunidad, los no partidarios, aunque fueran mayor en número han tenido miedo. A favor de Franco se manifestaban cientos de miles, en contra un ciento. Un dato histórico: los últimos soldados de la fascista División Azul llegaron a Barcelona en 1954 acogidos por decenas de miles de alborozados catalanes en una manifestación popular y sin convocatoria. Nadie o casi nadie se manifestó en contra. Los unos iban a favor de la corriente, los otros tenían miedo. Así que con el defensa temeroso y el portero que tiene una panadería sacando el pan del horno hemos conseguido llegar al 5-O.

La mentira es otro de los elementos básicos de la publicidad. Es necesario ocultar los defectos y multiplicar por siete las virtudes. Ves a una persona bebiendo la Coca Cola y piensas que sólo está calmando su sed, pero no es así, tú no lo sabes pero “al mundo entero está dando un mensaje de paz”. Va mucho más allá de lo que un ignorante como yo puede ver. Enumerar las mentiras que dicen los independentistas sería tan sencillo y penoso como leer y subrayar las declaraciones que han hecho en los periódicos en los últimos diez años. Sólo voy a comentar una que me ha llamado la atención. El señor Junqueras (perdonen que les diga que antes de saber de su oficio pensaba que era un picador), ha dicho que Cataluña independiente será siete veces más rica. No está mal. Yo me pregunto ¿y qué hará el catalán que ahora tiene un coche con siete? Y el que tenga un yate, pasará a tener siete y el que tenga una casa, tendrá siete ¿habrá que hacer siete comidas diarias, y siete cenas y siete desayunos? Ya se apañarán con tanta riqueza. Quizás haya querido decir que unos serán veintiuna veces más ricos y otros bajarán a tres y así la división sale. Pero no me preocupa mucho. Lo que me preocupa es que los agricultores que ahora tienen una hectárea luego tendrán siete. No hay tierras para tanto nuevo rico. ¿Nos invadirán? ¿Será ese el motivo por el que incluyen en Cataluña a Valencia, parte de Aragón, Baleares,...? El 6-O ha sido en claro fuera de juego, pero igual sube al marcador.

Un producto, para publicitarlo, necesita más allá de su imagen corporativa, un signo de identidad y para ello es necesario borrar todo lo que le pueda hacer sombra. Los nacionalistas tienen la lengua. Una lengua que he escuchado en mi casa desde mi niñez (nací en 1956), sin prohibiciones. Con siete años asistí a misa en catalán, sin que por ello fuera un acto clandestino, pero es necesario el martirologio. Los defensores del imperio de la lengua catalana se cargan todo lo que está alrededor. El catalán no es mas que el lemosín cambiado de nombre, pero se cambia de nombre para hacer imperio, hasta el punto de hacer creer a los que hablan lemosín que lo que hablan es catalán y el valenciano es catalán y el mallorquín es catalán y el chapurriau es catalán. Y será la misma lengua, pero o le llamamos lemosín o que cada uno le llame como quiera. Pero no, la publicidad bien manejada nos hace creer a todos que lo que se habla es catalán. Otro gol que sube al marcador porque la defensa estaba hablando con los delanteros sobre cómo comunicarse y ya vamos 7-O.

Democracia, derecho a decidir, libertad. Todo buen producto debe publicitarse con palabras que sean irrefutables. Cómo puede decir alguien no a la democracia, no al derecho a decidir, no a la libertad. Franco tenía su democracia orgánica, se decidía lo que él quería en referendos y la libertad formaba parte del “una, grande y libre”. Por lo tanto las palabras necesitan matices. Así el derecho a decidir es necesario que se llene de contenido. Quiénes tienen derecho a decidir y sobre qué. ¿Se puede decidir llevar a la cárcel a todo el político que malgaste un euro? No eso no. ¿Se puede decidir sobre los privilegios de las grandes fortunas? No eso no. ¿Se puede decidir sobre el tipo de educación? No eso no. Resulta que sólo se puede decidir sobre lo que ellos, los independentistas quieren, sobre la independencia. Pues resulta que tampoco. No se puede decidir sobre la independencia, sino sólo sobre su independencia y con sus condiciones. Imaginemos que se celebra un referendo con todas las garantías legales nacionales, constitucionales e internacionales. En los resultados la ciudad de Barcelona decide que no es independentista, por lo tanto ha decidido que sigue formando parte de España. ¿Ese derecho a decidir vale o no? ¿Ya no hay derecho a decidir? Dirá un independentista o todos o ninguno. Pues ese todos somos todos los españoles. Pero como siguen machacando con el derecho a decidir aquí seguimos bebiéndonos una Coca Cola mientras ellos suben al marcador el 8-O.

¿Recuerdan la operación Roca o el partido Reformista? Para quienes no lo recuerden les diré que fue un partido que crearon, los ahora independentistas catalanes, de ámbito español. Se presentaron en todas las provincias españolas y no sacaron ni un solo representante (no llegó al 1% de los votos). Perdieron. Fue una campaña publicitaria fallida. No tenían respaldo para, llegado el momento, modificar la Constitución e incluir su derecho a la independencia. Una buena campaña publicitaria también consiste en pasar un estúpido velo sobre los fracasos. No vaya a ser que alguien piense que la chispa de la vida de Coca Cola no era mas que un jarabe para los problemas digestivos. Gol en propia puerta y ya vamos 9-O.

Cualquiera creería que los españoles hemos elegido a Rajoy para machacar a los catalanes. No han caído en la cuenta que nos machaca a todos, cuando nos machaca, y beneficia a todos cuando nos beneficia. Las maldades y bondades de Rajoy son para todos. Pero un buen manual de publicidad dice que es necesario focalizar al enemigo aunque signifique cambiar la unidad por el todo. Rajoy nos hace esto, lo otro y lo de más allá. Si, pero a todos. Me pregunto, ¿si en vez de Rajoy gobernara Pablo Iglesias o Puigdemont o Frances Homs (que se presentó como candidato a presidente del gobierno de España), ya no serían independentistas? Entonces, ¿en qué se sustenta ese independentismo? Mientras señalaban a Rajoy, todos los jugadores nos lo hemos quedado mirando y así nos han marcado el 10-O.

El partido no ha acabado. En el descanso nos ofrecerán Coca Colas para todos, nos endulzarán la vida sin ver que aumenta nuestro riesgo de diabetes, que la independencia del refresco nos creará dependencia. Nos hablarán de su precio y de que si fuéramos a la fábrica sería más reducido, sin contarnos lo que se ahorrarían en la distribución. Pero no es un tema económico. A través de la marca única de Coca Cola los que la beban seguirán igual o con algo menos dinero si beben muchas. Los de Coca Cola serán más ricos y luego harán una división entre todos para decirles que se han cumplido los pronósticos, que bebiendo Coca Cola iban a tener más dinero de media.

Finalmente, quien esto lea podrá decir, está bien (alguno, que uno también tiene algún amigo), otros dirán que hay alguna cosa interesante, a otro le hará gracia algún párrafo, es posible que alguno lo tenga en cuenta, hasta que haya quien pueda llevarle a la meditación. Pero llegará el intelectual nazionalista de turno y dirá: “Este es un facha”, y a tomar pol culo todos mis argumentos, 11-O.


Permitid que me rebele ante esta situación, ante esta goleada antológica y que saque una pancarta que guardé allá por 1976, cuando luchaba por la instauración de la libertad en este país contra lo que quedaba de la dictadura franquista: “Coca Cola asesina, carajillo al poder”.

jueves, 8 de junio de 2017

He publicado un libro y no es de viajes.

Mucha gente busca trabajo e inmediatamente piensa en las vacaciones, en acabar con la jornada, en que llegue el fin de semana. Después de encontrar trabajo desea dejar de trabajar. Por otra parte los gobernantes prometen miles, millones de puestos de trabajo y generalmente lo que hacen es aumentar el desempleo.

Me he permitido aunar estos dos deseos universales en un libro:  “En defensa de la destrucción de empleo y otras cosas” en el que aúna la mala gestión de la creación de empleo de los políticos y las pocas ganas de trabajar que en general existen.

A lo largo del libro, de poco más de un centenar de páginas, voy desgranando diversas soluciones que apuntan a un postcapitalismo que es respetuoso con todas la ideologías y que pone en el ojo de gran parte de los problemas al exceso de publicidad y a la escasez de información.

El libro sólo se puede adquirir a través de internet, bien como libro electrónico al precio de 1 euro en este enlace: https://goo.gl/lm20yl   o en papel https://goo.gl/HqIhKf al precio de 7 euros.

Ojearlo es gratis.

No tengas ninguna obligación moral de adquirirlo. Seguirás viviendo igual de feliz si no lo lees y nunca se me ocurrirá preguntarte si lo has comprado.

lunes, 20 de junio de 2016

Chipre y su bandera

Casi todos los países suelen identificarse con su bandera, excepto una parte importante de los españoles, cosa curiosa vista desde más allá de las fronteras hispanas. Más curioso es el caso de Chipre, donde la bandea que ondea por todas partes no es la chipriota, sino la griega. 

Los edificios religiosos suelen estar muy vinculados a la política y en las iglesias ortodoxas como la de la fotografía es muy común que onde una o varias banderas griegas.
La bandera chipriota es blanca con el perfil de la isla dorado. Tan escasas son que no recuerdo tener foto de ella.En Pafos sólo he visto una bandera chipriota, en un hotel, y decenas de griegas. Tiene su explicación. La parte norte de Chipre está invadida por los turcos desde 1974 y el resto de la isla manifiestan su identidad grecochipriota con la bandera del país hermano, frente a la identidad de los invasores turcos del norte. Además una parte importante de la población es partidaria de fusionarse con Grecia, algo que su Constitución prohíbe.

martes, 17 de mayo de 2016

Chipre de puertas abiertas

La delincuencia y seguridad de los habitantes de una población, me he dado cuenta, que se puede medir por el nivel de protección que ponen a las entradas de sus casas. En Pafos me ha sorprendido que muchas de las casas carecen de puerta de entrada común al edificio. Se entra en un patio abierto y desde allí se accede directamente a la puerta de los pisos subiendo por las escaleras. Y las puertas de los pisos sin ninguna protección especial, ni de cerradura, ni de blindaje, puertas huecas de madera. Eso le tranquiliza a uno, que cualquiera pueda entrar en tu casa con dar una patada y no lo haga dice mucho. 

domingo, 15 de mayo de 2016

Me voy a Chipre

Me voy a Chipre. ¿Por qué a Chipre? No hay por qué. Es la curiosidad por saber qué se cuece en alguna parte del mundo. Y aquí cocerse literalmente poco, pero a unos cien kilómetros está Siria y los sirios no se dirigen a Chipre en la huida de su país.
El viaje se hace largo, excesivamente. Es lo más penoso. Casi un día desde que salí de casa hasta que llegué a mi nueva casa temporal de Pafos, que es la ciudad aen donde voy a pasar los próximos días.

Primeros pasos en tierra chipriota. Esperando el bus en el 
aeropuertoque es más barato que el taxi.
El vuelo de Londres a Chipre me fue amenizado por un niño de unos meses, de esos que caen muy simpáticos a las madres que no tienen niños y que no les dejan de hacer carantoñas. El muy glotón se había comido un aguacate entero. Estaba con sus padres a mi lado. A mi otro lado dos amigas no paraban de hacerle risas a las que respondía la criatura. El padre lo levantaba, lo ponía en pie y se lo pasaba a las presuntas madres sin hijos. Mientras, el niño volando y sobrevolando sobre mi cabeza, y en mi pensamiento no había otra cábala que el temor a que el niño con tanto trajín no tuviera otra ocurrencia que echar todo el aguacate a medio digerir sobre mi cabeza. Y el niño para aquí y para allá y yo mirando para un lado, para el otro y para arriba por si veía algún gesto que me invitara a huir. Y entre tanto pensando en qué iba a ser de mí y mi estancia en Chipre con la ropa manchada de aguacate potado. Y más niño y más niño y otras madres sin hijos que le sonreían desde otros asientos pero que no se lo llevaban. Hubo milagro. El niño retuvo el aguacate en su vientre, por lo menos hasta que lo perdí de vista y cuando volvió a las manos de su padre sentado respiré aliviado, sin que el resto del pasaje entendiera que todos sonreían al niño excepto yo. 
(febrero 2016)

lunes, 28 de marzo de 2016

Disfrutar de la victoria

Ahora podría estar llorando abiertamente la muerte de mi hija, o haciéndolo a escondidas mientras la empujaba en una silla de ruedas y le sonreía dándole palabras de ánimo. Pero gracias a la Providencia sólo tengo sonrisas porque Violeta, mi hija, está fresca y sana.

A Violeta la han operado de escoliosis. Una intervención brutal en la que le han abierto la espalda desde el cuello hasta el culo para atornillarle las vértebras a dos columnas de titanio. Antes de la operación el cirujano nos dijo que tenía cuatro posibilidades, aunque no en el mismo porcentaje, morir, quedar tetrapléjica, quedar parapléjica o sobrevivir. Violeta, con la inestimable ayuda de los cirujanos, se agarró a la última y así me ha ahorrado muchas lágrimas. Todas las lágrimas.

Salgo a correr habitualmente. Desde hace meses lo hago de madrugada, a las seis o las siete de la mañana, todavía noche cerrada. Antes de la operación he ido corriendo y llorando desconsoladamente hasta temer quedarme sin lágrimas. Cuando salí a correr por los mismos caminos después de la operación tenía ganas de llorar de alegría y a la vez para reírme de los lloros pasados, pero no pude. Sólo la sonrisa acudía a mi cara. Sólo la sonrisa que ya no puedo borrar porque ahora podría estar llorando abiertamente la muerte de mi hija y sólo sonrío. Sonrío.


A Violeta la operaron en Zaragoza. Un día antes de la intervención, un miércoles, estando ya ingresada en el hospital, me fui a apuntar a una carrera para el siguiente domingo. Fue la carrera más esperada de mi vida. La más deseada. No me inscribí para creerme que habría continuidad pasara lo que pasara. Lo hice porque debía correrla, debía hacerlo porque todo debía salir bien. Si no corría estaría llorando sin lágrimas, desconsolado sin remedio. Me lesioné antes de la carrera, pero debía correrla, cogí un resfriado mundial, pero debía correr. La operación había salido bien y salí a correr riéndome del dolor que tenía en la pierna derecha, riéndome de los mocos que me salían como manantiales de mis narices. Faltando un kilómetro para la meta la pierna me dijo que hasta aquí habíamos llegado, pero yo le dije que se venía conmigo hasta el final, y a regañadientes, medio arrastras llegó conmigo. Iba a llorar de alegría, quería llorar de alegría, pero no me quedaban lágrimas, sólo sonrisas. Arrastrando la pierna rebelde sonreí cuando entré en meta y recordé a Violeta un par de horas antes, en la cama del hospital, cuando le dí un beso antes de irme a la carrera, que con su dolor, con su malestar, con el cuerpo lleno de medicamentos que la tenían sedada, sacó de entre las sábanas sus dos dedos de la mano derecha para lanzarme el grito más hermoso, más grande y callado que he escuchado nunca. El grito de sus dedos en forma de V deseándome la victoria. Todo estaba ganado antes de salir. La victoria ya la estábamos disfrutando. Habíamos ganado porque podría estar llorando ignorando que estaba apuntado a una carrera.

La operación fue el 26 de noviembre de 2015.  

lunes, 13 de julio de 2015

De Piñera a Gontán. (19 junio 2015)


Como no había salido apenas con la bici antes de realizar el camino, comienzo a sentir cierta fatiga muscular que no me impiden disfrutar de algunas imágenes espectaculares como la ría del Navia o la impresionante llegada a Ribadeo pasando un largo puente, que a pesar de estar totalmente protegido para los peatones y ciclistas el vértigo me hace disfrutarlo menos. Me he sentido abrumado hasta el punto de ser incapaz de pararme en el medio para hacerme una foto.


He paseado por un Ribadeo que todavía estaba medio dormido y luego me he ido hasta Mondoñedo. Mucha cuesta de bajada, malo. He descansado, callejeado y hablado con la argentina que está al frente de la oficina de turismo jugando con las palabras tango y gotán (en lunfardo) ya que iba camino de Gontán, mi próximo destino.

La subida desde Mondoñedo hasta poco antes de Gontán es para sufrir, por el calor y las rampas que en algún tramo supera el 15% de desnivel.

Me he encontrado a una gallega y le he preguntado por el resto de la carretera. Como buena gallega ni faltaba mucho, ni poco, ni era empinada la carretera, ni no. Cuando le he insistido con la esperanza de que quedara poco y no hubiera mucha pendiente, como si estuviera en su mano me lo ha negociado y me lo ha dejado corto el tramo y mediana la pendiente. Si negocio un poco más me lo deja en unos cientos de metros llanos. La realidad era que no tenía poderes y la cuesta era larga y el final lejano.


En Gontán a la hora de comer, una camarera vestida de negro, con el aspecto de haber dejado las vacas hacía un rato hablaba un spanglis muy meritorio diciendo “no tengo fis”. El menú también muy digno, de primero patatas con carne y de segundo carne con patatas. Era lo que había.  

Avilés - Piñera (18 junio 2015)



Lugares que van apareciendo por el camino. Luarca.
El recorrido es bonito, pero hay que estar preparado para dar pedales. Mucho sube y baja, prácticamente ningún llano, así que cuando bajo una cuesta más que disfrutarla pienso en que luego tendré que sudarla. Eso me pasa en Cudillero, población que me decepciona. También había estado. Es muy pequeña y con poco que ver. Estoy un rato callejeando lo que se puede, que con bicicleta es bien poco y como la cuesta abajo fue de escándalo, la subida que me esperaba para salir del pozo en el que me había metido fue dura.

La soledad del peregrino en un albergue totalmente vacío. Ni
hospitalero había.
La siguiente visita fue a Luarca, población que me resulta muy agradable. Comida de restaurante de menú barato pero bueno y camino de Piñera una población que al estar fuera de las etapas que suelen hacer los peregrinos que hacen el camino a pie, suele tener pocas visitas. Estoy solo en el albergue, hasta que sobre las siete y media llega un compañero que se viene haciendo 50 kilómetros diarios caminando.


Soy de Almadén, me dice, no lo conocerás. Sí, claro que lo conozco. Bueno es que tu estudiarías cuando aún se explotaban las minas de mercurio. Y le digo que sí, que es por eso. Ahora como ya no hay minas no lo conoce nadie.  

Albergue de Avilés


Estando preparando mi comida observo a un coreano que a pleno sol, y hace muchísimo calor, se está preparando la suya. Tiene varias verduras y una docena de huevos. En un bol veo que echa cuatro huevos junto a la verdura troceada y me digo que son muchos huevos, pero me alarmo cuando veo que echa dos más. Se va a comer media docena de huevos. Pero no. Estaba equivocado.
Siguió echando. ¡Cómo es posible que se vaya a comer ocho huevos de una sentada! Volvía a errar. Batió la docena entera y se los comió de una sentada, excepto un poco que me dio a probar cuando le manifesté que me había sorprendido ver la comida que preparaba. Un peregrino que lo conocía le dijo; andar, andas bien, pero comer, joder qué mal comes.

Avilés, que siempre entendía como una ciudad industrial y fea me sorprende como una ciudad hermosa y con un gran parque céntrico y muy concurrido. Nunca hubiera parado si hubiese estado de paso, pero qué gran error hubiera cometido.

Una comida con muchos huevos
En el albergue escucho a lo lejos una conversación en la que un peregrino dice que es panadero, luego al rato le escucho decir a otras personas que es de Alcorcón. En un momento, cuando va a entablar conversación conmigo, es muy conversador, hago como que le conozco y le digo, tú eres el panadero de Alcorcón. El tío casi me abraza de la emoción creyendo que lo había conocido. Sigo con la broma diciéndole que él había sido el que había bajado los precios del pan hace unos años, algo que pasó en casi todas las grandes ciudades, y me dijo que no, que me confundía con otro panadero, pero reafirmaba mi conocimiento sobre él. En un momento le digo, que salude al alcalde. No me jodas, también conoces a David. Así me entero del nombre del alcalde y el panadero sin entender cómo un tipo de la provincia de Teruel tenía un conocimiento tan amplio de Alcorcón.

La tarde aún me reservaba una sorpresa. Entablé relación con el hospitalero, una persona muy sensata, que había viajado mucho, sorprendentemente conocía Alcañiz. Tenemos una conversación sobre lo divino y humano, entretenida, jugosa y con la aportación de sensatez de cada uno, hasta que en un momento determinado introduce en la conversación a los extraterrestres que eran los hermanos protectores de cada uno de nosotros y eran los que le venían a inspirar la conversación que tenían. Eran también los que frustraron la guerra que iba a haber en periodo de la guerra fría haciendo que no funcionaran determinados mandos que iban a suponer la destrucción de la Tierra.


Sebrayo - Avilés por Valdediós (17 junio 2015)


Como los pactos con uno mismo se hacen para incumplirlos cuando se quiera y me había dicho que no iba a ir por caminos, así que he salido por unos caminos difíciles para mi edad, en los que he tenido que bajar de la bicicleta para ir cuesta abajo. Como las posibilidades de disfrute eran nulas, en cuanto he podido me he salido y he pensado que cuánta razón tenía al decidir ir por carretera.

Oviedo
La ruta no pasa por Vadediós, pero merece la pena desviarse para ver la iglesia prerrománica que nos ofrece. Es cierto que está cercada y si nadie te lo abre debes verla a unos treinta metros, pero su imagen y su entorno bien merecen el desvío, aunque luego haya que subir una cuesta infernal, imposible. Imagino que alguien la subirá montando en bici, pero con calor y con el peso de las alforjas se hace para mi imposible. Así que nuevamente pie a tierra y esta vez por ir cuesta arriba.

Como se dice, más o menos, que quien ha estado en Santiago y no ha visitado El Salvador, ha visitado al siervo, pero no a su señor, me he acercado hasta Oviedo para visitar El Salvador. Nuevamente la entrada por la que hay que cotizar. Las iglesias las hicieron obligatoriamente nuestros antepasados. El mantenimiento se hace vía impuestos, además el clero cobra también vía impuestos y encima nos hacen pagar por entrar. Pues no.


Compra de manzanas y callejeo por Oviedo para partir hasta Avilés, donde llego a la hora justa para comprar y hacerme la comida. Cuando unos franceses me ven llegar cargado de manzanas, cuando me hablan de mi lo hacen refiriéndose al tipo que ama las manzanas.

sábado, 11 de julio de 2015

Sebrayo


El albergue de Sebrayo tiene más habitantes que el pueblo. Para comprar se debe estar atento al paso de una furgoneta de ultramarinos que vende lo imprescindible. Ir a un restaurante supone caminar algunos kilómetros. Y no hay mucho más que hacer.


Sebrayo no tiene mar, pero es una buena ilustración a falta de
foto del albergue, que es lo único que se puede fotografiar.
Por la noche,cuando las tertulias parecían acabadas por esa costumbre peregrina de estar durmiendo antes de las diez, que en estos lugares es todavía pleno día, surge una buena conversación con unas aprendices de maestras vascas que entre ellas hablan continuamente en eusquera pero a las que se les oye en medio expresiones como “joder tía”, “hostias, no me digas”, “que bueno” y cosas así. En castellano iniciamos una tertulia que se alargó hasta pasada la media noche y que agradezco porque en todos los albergues me quedo sólo esperando como un lobo la salida de la luna.

viernes, 10 de julio de 2015

José Luis o la otra historia de reencuentros.


Unos kilómetros antes de entrar en Colunga diviso a lo lejos un ciclista con una bicicleta voluminosa que subía despacio una cuesta. Me crezco y voy a por él. Poco antes de alcanzarle se mete por una calle de un pequeño pueblo y coincidimos cuando sale de la calle. Íbamos a un ritmo parejo así que comenzamos a intercambiar nuestras primeras palabras. Su bicicleta es voluminosa porque lleva incorporado un motor eléctrico que le ayuda en las subidas.

En Oviedo con José Luis delante de El Salvador
Cuando el camino va entrando y saliendo d
e la carretera seseando, suelo ir por la carretera sin más desvíos, pero José Luis, que es el ciclista con el que voy me anima a meterme por caminos, voy con él, me lanzo y al poco me doy cuenta de que no me sigue, así que sigo hasta Colunga con intención de comer. En un restaurante en una calle paralela a la carretera me sirve comida asturiana una camarera colombiana guisada por un francés. Cuando estoy dispuesto a hincar el diente llega José Luis y compartimos mesa, mantel y conversación. Me comenta que quiere ir por Gijón (yo voy a ir por Oviedo). Después de comer yo me quedo a sestear en un parque y él sigue camino.

Al día siguiente, dentro de Oviedo, subiendo por una cuesta veo a un ciclista parado hablando con un guardia. Era José Luis que había decidido finalmente ir por Oviedo a visitar a una amiga. Damos juntos una vuelta por la ciudad y nos despedimos, yo me voy a Avilés. A media tarde, estando en mi litera del albergue me saludan. José Luis ha ido a parar, de las 70 camas que hay en el albergue, a la que está junto a la mía. Por la tarde damos una vuelta por Avilés y nos volvemos a despedir.


Cual es mi sorpresa, cuando el día de mi vuelta a casa, al ir a coger el tren en Santiago a las ocho y media de la mañana, en el andén, sentado, vuelve a estar José Luis. Pasamos un rato juntos y en el tren nos hacemos visitas, la mía fue infructuosa pues cuando fui a su vagón no lo encontré y por contra me encontré con un personajillo al que hacía años que no veía y hubiera querido que pasaran siglos sin volver a ver. Así que sólo insistí dos veces en la visita a mi vecino José Luis por no volver a coincidir con el personajillo en cuestión. Al llegar a Zaragoza nos despedimos en el andén, como corresponde, continuando con una buena relación de coincidencias.  

jueves, 9 de julio de 2015

Camino del Norte. San Vicente de la Barquera - Sebrayo

17 junio 2015


Gran parte del camino va por carreteras de todo tipo. Pero hay algún tramo que va por zonas que ya no están hechas para mi edad. Como me siento a gusto rodando por el asfalto tomo la decisión de hacer todo o casi todo por carretera. Como hay autopista la nacional no suele tener tráfico. Son promesas que me hago sin mucho convencimiento, porque también me había dicho que no pasaría bajo ningún concepto de los 75 kilómetros diarios y en esta etapa me he hecho más de cien. Es cierto que voy callejeando en las ciudades que me gustan, que me paro cuanto quiero y no tengo ninguna obsesión por llegar a ningún sitio.


Turismo con la bicicleta por Llanes y luego más tarde por Colunga, donde como. Cuando ya me voy me doy cuenta de que había estado antes en casa de unos familiares de mi amigo Emilio con molino y todo. Todos los caminos conducen al olvido. De vez en cuando alguna recuperación de memoria.

miércoles, 8 de julio de 2015

Los chicos de Getxo en San Vicente de la Barquera.


Sergio, Mikel y Markel a su llegada a Santiago. Unos campeones.
Ya hacía un buen rato que había llegado al albergue de San Vicente de la Barquera cuando llegan tres chicos vascos en torno a los veinte años. Llegaron exhaustos, como derrotados pero con la satisfacción de haber superado el reto de la etapa. Imaginé que había sido una etapa muy larga, pero resulta que habían pedaleado menos kilómetros que yo, que no se habían parado ni a comer, ni a ver nada para no perder tiempo y que llegaron varias horas después. Además eran jugadores de fútbol regional en el País Vasco, procedían de Getxo. Tal era su escasez de fuerzas que no tuvieron valor de bajar desde el albergue al pueblo, una empinada cuesta, para comprar comida. Su única cena fueron unas manzanas que les ofrecí y unos restos de una bolsa de patatas fritas que les dieron unas chicas. Nos despedimos porque dijeron que se levantarían tarde. Pero como el hospitalero encendió las luces pronto y su estómago estaba maltrecho aún nos vimos por la mañana en el desayuno.

El día que llegaba a Santiago pensé en ellos imaginando que aún no habrían llegado a Asturias, pero cuál fue mi sorpresa cuando estando paseando por la tarde junto a la catedral los veo que acababan de llegar. Estaban exultantes, habían superado todas las dificultades y habían llegado el mismo día que yo. Malas, muy malas, mis previsiones. Para hacernos una foto los cuatro juntos buscamos a la chica más guapa que había por allí, pero algo no funcionó porque la foto no quedó impresa en la memoria de la cámara. Nos despedimos nuevamente. Pero sin saberlo era una despedida provisional, por la noche volvemos a estar en el mismo albergue y aún tuvimos un rato de cháchara y hasta de recordar el albergue de San Vicente
antes de acostarnos.


Sin duda nos volveremos a encontrar. Tantas casualidades suelen ser el comienzo de algo más largo. Quizás alguno sea hijo de un amigo. Ya veremos. Esto me suena a un encuentro dentro de unos diez años en un lugar ajeno a las bicis. Lo escribiré.  

martes, 7 de julio de 2015

Los bolos de San Vicente de la Barquera


Hasta hoy creía que esto de los juegos de bolos era un entretenimiento sin más trascendencia. Algo así como la petanca que juegan los jubilados. De paseo por San Vicente de la Barquera vi a unos hombres jugando y me quedé mirando un rato. Al lado estaba el típico ciudadano
Partida de bolos.
dispuesto a enseñarme las normas. Resultó muchísimo más complejo de lo que pensaba. No lo acabé de entender.

Lo que más me sorprendió fue saber que hay ligas de bolos en varias partes de España, que hay campeonatos nacionales, que hay polideportivos de gran capacidad para la práctica de bolos y que hay un grupo de personas que son profesionales de este deporte.


Me dijeron que a las ocho de la tarde comenzaba un partido oficial y acudí a verlo. No había mucho público, era en la calle, era entre semana, hacía bastante frío y el nivel de los jugadores, según me dijeron era de aficionadillos en una localidad donde no hay mucha afición. Sorprendido.  

lunes, 6 de julio de 2015

Güemes - San Vicente de la Barquera (16 junio 2015)

Santillana del Mar
Despedida de la coreana, los catalanes y gente varia que he ido conociendo en el albergue y marcha madrugadora para llegar a Santander,

Hasta Santander se llega por medio de ferry. Debo esperar para coger el primero de la mañana. Dos días, dos rutas en bicicleta por mar. Son las cosas de ir por el norte.

Callejeo un poco por Santander, tampoco mucho. Me hago las fotos correspondientes para dar fe de mi paso por estos lugares y sin más dificultad me voy acercando hasta Santillana del Mar. No sé si iba demasiado rápido o muy despistado, pero lo cierto es que he pasado Santillana sin darme cuenta. He tenido que volver sobre mis rodadas para visitar la población. Hace muchos años que había estado y nuevamente la memoria me había cambiado algunas cosas de sitio y la iglesia la había guardado más grande y en una plaza más amplia.
Detalle de una ventana en Santillana

Población turística en todos los rincones, bien cuidada pero de aspecto artificial con tantas anchoas, chocolates, quesos y quesadas por todas puertas y la misma oferta repetida, veinte euros diez botecillos de anchoas.

Sigo camino y llego a Comillas. También había estado hace muchos años y también acumulaba falsos recuerdos que he actualizado. El Capricho antes era un restaurante, ahora es un lugar de pago obligatorio para entrar y yo no pago y por lo tanto no lo vuelvo a ver. Imagino que allí seguirá Gaudí sentado en un banco inmarcesible.

He decidido que toca comer de bocadillo y litrona. En un parque, rodeado de niños y madres, he desplegado mi arte culinario para abrir una barra en canal y preñarla de sardinas, tomate y queso. Una amiga mía me decía que de vez en cuando hay que comer de bocadillo para saborear lo bien que entra, y qué razón tiene.

He comprobado una vez más la pequeñez del mundo. He visto a lo lejos a una pareja de Alcañiz, pero no iba a ponerme a dar voces. Ya los veré.
Comida con litrona


Siesta en el mismo parque, visita de callejeo para bajar el bocadillo y bicicleta hasta San Vicente de la Barquera.

martes, 30 de junio de 2015

Albergue de Güemes

Albergue de Güemes

A pesar de ir despacio, recreándome en paisajes y arquitecturas, llego temprano al albergue de Güemes que es uno de esos de ambiente guay, con excelentes instalaciones, zona de césped, biblioteca, cocina, ermita, cena y desayuno comunitario y charla ecuménica

Instalaciones del albergue, con la coreanica de piel muy oscura 
primer término.
En la charla ecuménica he disfrutado. La verdad es que en la vida he aprendido a disfrutar de casi todo. Observaba a un chaval con pintas de batasuno aguantando chapa, un traductor que daba forma inglesa a lo que el mosén decía,

inventándose alguna que otra palabra, unos anglófonos que decían que si cuando querían decir yo no me entero de nada. Con mi limitado inglés le he tenido que explicar a una australiana de qué iba la charla, lo que me ha llenado de más orgullo y satisfacción que a todos los borbones juntos.

La cena ha sido un momento de convivencia políglota. Una coreana que aprendía con avidez español, una australiana a la que expliqué lo que había dicho el mosén, una alemana que se mosqueaba porque no aprendía a la misma velocidad que la coreana, un italiano que mantenía conversaciones en todos los idiomas sin hablar ninguno, dos primos catalanes que no eran primos, un vino, que no creo que estuviera muy bueno, pero que servía para brindar cada vez que había una nueva incorporación a la mesa, lo que lo convertía en gran reserva y mi interés en que todos los extranjeros aprendieran español. Muchas risas combinando cuchillos con manzanas con nombres de cada cual.
La hora de la cena en la mesa políglota, (con muchas glotis).

Acabada la cena todos desaparecen como por encanto en unos minutos. Me quedo yo solo en busca de tertulia, pero sólo la bicicleta y la luna están dispuestas a platicar conmigo.

Por la mañana, veo a la coreana y le saludo: “buenos días manzana”, se ríe y me contesta: “buenos días naranja”.


Es la brevedad, la intensidad vivida. Con toda seguridad no nos veremos nunca más. Nos quedan los recuerdos.

lunes, 29 de junio de 2015

Castro Urdiales - Güemes

Primera etapa en serio. Castro Urdiales – Güemes. 15 junio 2015.

Iniciando parte de la etapa anfibia.
Como el teléfono móvil debo llevarlo para atender a mis obligaciones, lo llevo. Pueden pasar días sin que nadie me llame, pero puede haber días en que una llamada siga a otra. Hoy ha sido un día de los segundos. Parando por lo arcenes para ir hablando una y otra vez. Forma parte de la gracia.

Ermita románica de Bareyo
Pero hay más gracias, pues el camino incluye algunas novedades como montar en barco. Mi bicicleta permanece impasible, como si nada, pero es la primera vez que monta en barco. Tuve otra bicicleta con la que fui a Marruecos y esa vivió la experiencia, pero esta no. Como yo sí que supe valorar “su primera vez”, la inmortalicé. Con otros peregrinos pasamos desde Laredo hasta Santoña, un recorrido breve.


Camino de Güemes paro en Castillo para comer. Por 10 euros me doy un banquete. Sin siesta sigo tranquilamente hasta pararme en Bareyo para da unas vueltas a su ermita románica poco antes de llegar a Güemes.

domingo, 28 de junio de 2015

Previo a la primera etapa. 15 junio 2015



Últimas imágenes de Castro Urdiales antes de comenzar a dar 
pedales
La bici tiene sus ventajas, pero como es una máquina puede romperse. En todo el Camino no me falló en ningún momento, pero pensando en lo que le esperaba comenzó a mostrar ciertos achaques nada más salir del coche en el que el amigo de mi hija la trasladó hasta Castro Urdiales. Lo primero que eché en falta fue un tornillo que debería servir para sujetar la rueda al eje. Sin eso no podía dar una pedalada. Lo buscamos en todos los pliegues de la tapicería y no lo encontramos. Normal, doce días después lo encontré en mi casa, se me había caído al ir a montarla en el coche. También tenía un radio roto. Yo que suelo comenzar a pedalear sobre las siete de la mañana, debía retrasar la salida hasta que abrieran una tienda para arreglar las averías, que resultaron ser muchas más. Las zapatas las tenía desgastadas y dos al revés, el cambio no estaba ajustado y alguna cosa más que encontró el mecánico que le echó un vistazo.

Con la bici puesta a punto salía de Castro Urdiales poco antes de las once de la mañana. Como este año me he propuesto no hacer demasiados kilómetros cada día, esta era una buena excusa. Ya llegaría a mi destino que había previsto en Güemes.

Pertrechado con el impermeable y el moquero para que no se
me mojara la nuca.
Como estaba en el norte, correspondía una salida en condiciones y fui acompañado por la lluvia un buen rato. Un amigo me había dejado un gepeese para que no me perdiera, pero pensé que no podía prescindir del aliciente de no saber dónde me encuentro. Así que no le llegué a poner ni las pilas.


Sólo, medio perdido, sobre la bicicleta, sin programa, sin horario y lloviendo era la mejor forma de comenzar. Insuperable. Para que dure más esta sensación voy despacio. Los placeres hay que saber saborearlos.  

Camino de Santiago en bicicleta.

Por qué en bicicleta

Hacer el Camino caminando lleva un ritmo que no se adapta a mi forma de vivir. Es demasiado lento, la capacidad de reacción es escasa. Si no puedes quedarte en un lugar debes caminar al menos durante un par de horas para encontrar otro. Además la gente con la que te comunicas suele ser la misma, porque todos llevan un ritmo semejante. Son demasiados días haciendo lo mismo y yo necesito vivir algo más deprisa.

La bicicleta da un ritmo vivo a las visiones, te permite parar en cada rincón, puedes ir en muchos casos por los mismos lugares que los peatones, puedes ir casi por los mismos que los coches, puedes desviarte de la ruta sin que suponga una penalización en horas. Puedes utilizar la bicicleta para desplazarte por las ciudades en busca de cualquier cosa que necesites, desde un restaurante o supermercado a un museo o una cita.

En estas fechas han sido pocos los que piensan lo mismo, pues en muchos albergues he sido yo el único ciclista y los que me he ido encontrado a lo largo del Camino han sido pocos, pero de ellos hablaré en su momento.


Mi bicicleta es vieja, ya debe estar dentro de los vehículos históricos. He encontrado a otros ciclistas observándola con interés viendo como carecía de los cambios atómicos, de cualquier tipo de amortiguación. Mis frenos son las zapatas de toda la vida, el cuadro pesa lo suyo, las alforjas van sujetas con unos pulpos,... Entre los dos se produce cierta complicidad que a veces me hace confundirla con un animal doméstico. Es lo que tiene la continua convivencia en soledad. Creo que ya he escrito que el precio que hay que pagar por la libertad es la soledad. Pero es un precio que pago muy a gusto, aunque ello me lleve a hablar alguna vez a mi bicicleta


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sábado, 27 de junio de 2015

Camino de Santiago. Camino Norte.

El Camino de Santiago.

Libre
He recorrido varias veces el Camino de Santiago, una desde Jaca, otra desde la puerta de mi casa, otra desde Sevilla y la última desde Castro Urdiales, que no es una salida clásica, pero todo tiene su explicación.

¿Por qué la insistencia de hacer el Camino? Es una bonita experiencia llena de distintas vivencias. Ir a conocer culturas distintas está muy bien, pero cuando muchísimos extranjeros vienen a hacer el Camino, las distintas culturas te vienen a ti.

Lo normal es que haya muchos más extranjeros que españoles. En muchos albergues la lengua franca para comunicarse entre los peregrinos es el inglés. Hablando español te puedes comunicar con cuatro o cinco personas, hablando inglés con una veintena.

Castro Urdiales
En este último camino he compartido vivencias con australianos, rusos, ingleses, coreanos, muchísimos alemanes y franceses, italianos y gente de otras nacionalidades.

El Camino se puede hacer desde cualquier sitio. Las rutas actuales corresponden en muchos casos a intereses turísticos. Quien hacía el Camino de Santiago salía desde la puerta de su casa, algo que hemos hecho algunos, llegaba a Santiago y luego volvía de la misma forma hasta su casa, algo que no hace casi nadie.

Más Castro Urdiales
La ventaja de ir siguiendo las rutas más populares es que te vas encontrando a gente que está haciendo lo mismo que tú y esa es gran parte de la vivencia.

¿Por qué desde Castro Urdiales? Inicialmente iba a salir desde Irún, que es lo que marca la “oficialidad”, pero coincidió que Sancho, un amigo de mi hija, vive en Castro Urdiales y me llevó hasta allí con su coche. Me ofreció una buena conversación en el trayecto (lo sé casi todo sobre reparaciones de aviones), me dejó su casa y compró leche para que pudiera tener un desayuno como en mi casa. No puedo pedir más.

Así que con la oferta de Sancho es fácil entender que una semana antes decidiera cambiar mis fechas y lugar de salida.

domingo, 14 de junio de 2015

El regreso de la aventura con Einstein

Quedaba la vuelta. La tarde anterior me fui corriendo por los caminos para encontrar uno para regresar que no nos hiciera pasar por el puente al que tanto temía Einstein. Lo encontré, así que tracé lo que sería el camino de vuelta.
Añadir leyenda
Nada más abandonar las calles de Samper dejé nuevamente suelto a Einstein y me fue siguiendo a su ritmo, pero sabiendo que si me escondía no tenía que preocuparse que en un momento u otro aparecería. Einstein enseguida asume todas las enseñanzas. Hubo momentos en que se quedó tan atrás que temí que se perdiera.
A mitad de camino dijo que ya no seguía. En esta ocasión no me dio la alternativa del primer día que era volver. Simplemente dijo que no. Aquí me quedo y si quieres vete tú. Durante unos 8 kilómetros estuve tirando de él para hacerle caminar lentamente. Hubo un momento en que se paró y además yo ya no podía más. Tirando de Einstein, caminando kilómetros y aguantando un sol castigador, que no justiciero le dije que  ahí se quedaba y en un pulso psicológico me fui hasta casi perderlo de vista en una larga recta. Nuevamente se dijo que no había quien pudiera conmigo y aceptó seguirme, eso sí a mucha distancia. No le importaba no verme, iba ranqueando, sin nada de ánimo.
En casa, al fin.
Cómo cambió su actitud cuando llegó a Motorland. No es que Einstein sea aficionado al mundo del motor, pero como desde su casa escucha demasiadas veces el ruido de los coches y motos, le resultó familiar el ruido y sabiéndose cerca de casa comenzó a aligerar el paso ilusionado por su pronta llegada a casa. Cuando pasamos a la altura de La Estanca, le dije que íbamos a entrar para ver La Estanca océano. Pero se plantó. Dijo que no debíamos desviarnos del camino. Había que llegar cuanto antes. No fue posible discutir. Para otro día queda la excursión hasta La Estanca.

En su caminar veía que iba sobrado de entusiasmo, pero no de fuerzas, porque corría un trecho y luego disminuía el ritmo, nuevamente un trotecillo y paso lento. Faltando unos dos kilómetros se le acabó el trote, el trotecillo, el paso lento y el paso. Escaso de fuerzas dijo que no caminaba más. Lo solté para que me siguiera, se quedó a la sombra y no hizo mención de seguirme. Los dos últimos kilómetros poco me faltó para tener que llevarlo en brazos. Finalmente llegamos y le dije que mi intención había sido obsequiarle con unas vacaciones, pero no pensaba que se iba a cansar tanto. La próxima excursión será mucho más corta. Einstein está envejeciendo más rápido que yo.

sábado, 13 de junio de 2015

Vuelta araña con mi burro Einstein.

Segunda jornada.
Iniciando la marcha a primera hora de la mañana
Toca vuelta araña. Salimos de Samper continuando por el camino de la vía hasta La Puebla de Híjar. Pasamos un túnel de unos 400 metros sin que Einstein se viera afectado por la oscuridad y llegamos enseguida a La Puebla. Los niños estaban entrando al colegio. Me preguntaron por su nombre y comenzaron a llamarle por todas partes. Seguimos por el medio del pueblo. Es sorprendente lo que alegra a la gente ver un burro. Nos sonreían, nos saludaban, nos preguntaban. Llegamos a la plaza y tocaba fotografía. Nos la hizo una chica de unos treinta años que no cabía en sí de gozo porque era la primera vez en su vida que veía un burro. También se hizo fotografías ella con Einstein que inmediatamente compartió en las redes sociales.
Pasando el túnel








Teníamos pensado seguir por caminos hasta Híjar, pero nos hicieron desistir las personas a las que preguntamos. Por carretera, con muy poco tráfico llegamos hasta la entrada de Híjar. Un hombre, que nos hablaba de su relación con las caballerías como si las llevara todos los días, y hacía 40 años que n
Un burro por un paso de cebra.
o veía ninguna, nos aconsejó un camino para no pasar por el centro de Híjar. Einstein que quería volver a ser protagonista aceptó la alternativa a regañadientes. Empalmamos nuevamente con la carretera y poco a poco, en un trayecto aburrido nos fuimos acercando a Samper. Unos kilómetros antes encontramos un camino y le solté las riendas. El resultado fue fantástico. Einstein iba a la suya, ramoneaba cuanto quería, no me perdía de vista, cuando veía que estaba lejos me alcanzaba al trote para seguir comiendo y caminando a su paso.
En una ocasión me escondí. Como Einstein levantara la cabeza y no me viera, se lanzó a galope tendido hasta que me encontró y me dijo que no se lo volviera a hacer. La entrada en Samper fue triunfal. La gente salía de las tiendas para ver a Einstein. Fotografías y más fotografías, hubo quien se subió a su grupa, le dieron pan. Conseguimos un poco de felicidad para unos pocos.

viernes, 12 de junio de 2015

Con Einstein hasta Samper

Primera etapa
Hasta Puigmoreno aún estaba feliz con la 
caminata.
Sobre las nueve de la mañana salimos Eintein, mi burro, y yo. La preparación de la caminata había sido tan poca, que ni siquiera calculé los kilómetros que nos separaban de Samper de Calanda, que era nuestro destino. No sé por qué en mente tenía unos pocos kilómetros. Fuimos siguiendo las flechas amarillas del Camino de Santiago que en gran parte del trayecto van siguiendo el camino de la vía verde.
Einstein, que cuando hacemos cortos paseos, se para en cada ramo de hierbas para dar inmediata cuenta de ellas, enseguida entendió que se trataba de hacer kilómetros y apenas ramoneó. Las cañas verdes, que le encantan, las iba arrancado sin perder el paso y luego las comía mientras caminaba.
Pasamos La Estanca de largo, pero le dije que a la vuelta entraríamos. No puso objeción.
Cuando llegamos a Puigmoreno, el paso de Einstein aún era vivo. Hacía viento molesto, pero a él no le importaba.
Unos kilómetros después de Puigmoreno, de repente, Einstein dijo que para paseo ya estaba bien. Que no daba un paso más. Así, de repente se plantó en un cruce de caminos. Sólo estaba dispuesto a caminar si era de vuelta a casa.
De nada me valieron mis argumentos, mis buenas palabras, mis explicaciones. Einstein dijo que no daba ni un solo paso. Le tiré de las riendas en todas las direcciones y con todas mis fueras, pocas y muchas. Einstein, que es un burro con principios siguió diciendo que no. Estuvimos unos 20 minutos sin movernos del sitio, hasta que me dije que no me quedaba más opción que volver y acabar así mi proyecto de vacaciones. Le cepillo, le hablo al oído. Agradece el cepillado, escucha con atención, pero “a casa o nada”.
Aquí dijo "aquí me quedo" y se quedó pese a mis sesudos
argumentos.
Si no entiende el comportamiento humano, quizás entienda el asnal. En un último intento me digo, yo seré más burro. Tiro de él con todas mis fuerzas dispuesto a llevarlo a rastras. Mover un animal de cerca de 300 kilos anclado en sus cuatro patas es harto difícil, pero tiro y tiro. Cede un poco. Da un paso, luego otro, sigo tirando, da alguno más, sigo tirando y me mira hasta que cede un poco y me dice “eres más burro que yo”. Sin dejar de tirar va caminando y me arrepiento de haber pensado en ceder. También me pregunto ¿son unas vacaciones para Einstein?
Después de esta prueba de fuerza me vuelvo a acordar de Manolín. No sólo no voy montado en mi burro, sino que he estado a un punto de llevarlo en brazos.
Siguiendo por el camino, encontramos un puente sobre la vía en uso de difícil paso. Dejo a Einstein atado mientras voy a inspeccionar la forma de paso. Einstein, al ver que me voy sin él se desespera, tira de la cuerda y me enseña que la mejor forma para que ande, es dejarlo suelto.
Tenemos que ir campo a través para salvar el paso del puente, vamos por encima de la vía en uso, perdemos las alforjas entre la maleza, luego las encuentro, y encarrilamos el último trecho hasta llegar a la casa que nos espera.
Habiendo llegado a nuestro destino y con el premio del panizo
Einstein ya presentaba otro aspecto más reconfortado. 
La casa que nos espera es de mi cuñada Olga. Me dieron muchas explicaciones de cómo llegar. Curiosamente llegamos justo a la puerta. Después de unos 32 kilómetros nos espera la gratificación del descanso. A Einstein todavía le quedaba la tarea de desbrozar un jardín, pero eso le encanta. Iba desbrozando y abonando a la vez.


Me queda la tarde para ir callejeando por Samper. Aunque había estado muchas veces no había paseado en ningún caso. Me sorprendió la limpieza de sus calles, ni un papel, ni una persona.

domingo, 7 de junio de 2015

Einstein. Segunda salida.

Viaje con Einstein. Segunda edición. (26 al 28 de mayo 2015)





Si Don Quijote fue capaz de realizar tres salidas, creo que Einstein y yo no vamos a pasar de la segunda, entendido como una salida de varios días. A continuación van los hechos.
Como en 2014 hicimos un viaje, le prometí a Einstein que este año también tendría sus vacaciones. No le hizo mucha gracia saber que sus vacaciones consistían en caminar. Prefería otro medio de transporte.
Se lo comenté a mi amigo Manolín y me dio una visión distinta resumida en una pregunta:”¿Vas a ir con el burro los dos andando?”. Se partía de risa sin entender. ¿Cómo decirle a Einstein que según Manolín, el medio de transporte era él?
Preparé las alforjas que unos amigos nos regalaron  el año pasado. Muy bonitas, de domingo, de señorito, aunque con poca capacidad. Después de la experiencia el año pasado, tampoco hacía falta más. Yo llevaba una pequeña mochila y además colgada de las alforjas una bota de vino llena.
Al poco de salir tuve dos grandes pérdidas; la bota y el vino. No sé dónde quedaron en el camino dispuestas a satisfacer otras gargantas y otros espíritus. Gran pérdida. No llegué a tentar la bota ni una sola vez.

Al principio Einstein se mostró reacio a que le pusiera las alforjas, pero enseguida transigió. Lo peiné y cepillé para la ocasión y sin más pérdida de tiempo comenzamos nuestra segunda aventura.

domingo, 1 de febrero de 2015

Cuba. El racismo.



Grupo de estudiantes de medicina muy animados a quienes
aseguré que no me dejaría caer en sus manos si estaba enfermo.
Muy preocupados por la diversión. Normal en la edad de estudiantes.
Me cantaron una canción de despedida, diez minutos después de
conocernos.
Estaba paseando por un mercadillo, en los que sólo cambian las caras porque los productos son los mismo y escucho: “Negro, quita de ahí que no me dejas ver”, ante la expresión me giré buscando el lugar de donde procedía lo que imaginé que iba a ser una bronca. Mi primera sorpresa fue ver que quien se lo decía era otro negro y por supuesto no fue motivo de ninguna bronca. Se llaman blancos, negros o mulatos con toda la naturalidad, sin que haya ninguna connotación ofensiva. Un negro, en un espectáculo de humor decía, “si ves a un blanco sin pelo le llamas el calvo, si es gordo, le llamas el gordo, si tiene las orejas grandes, el orejas,... pero si es negro, ya puede ser calvo, estar gordo o tener las orejas grandes, que siempre será el negro ese”.

Estoy seguro que ser políticamente correcto es una de las formas más insultantes que hay para todos. No se emplea un lenguaje natural y se parte de la creencia de que se va a molestar el otro, modificando el lenguaje y la expresión hipócritamente.

Cuba. La cultura.


Asistir a espectáculos de bastante nivel es baratísimo. Estuve en un espectáculo de humor cubano pagando 35 céntimos de euro y he estado en una representación del ballet hispano de Nueva York, que sin entusiasmarme me gustó, pagando 60 céntimos de euro. El problema siempre es el mismo, las colas. Hay que hacer cola para todo y conseguir una entrada significa estar atento al momento en el que abren las taquillas para lanzarse a la aventura de conseguir una entrada.

No podía faltar la foto junto al malecón. Es mi último día en
Cuba. Hay que cumplir con los deberes de turista. 
Hay que tener en cuenta que los cubanos son muy respetuosos con la indumentaria que llevan cuando acuden a un espectáculo cultural.


Cuando iba a la danza, venía del parque Lenin y no llegaba a tiempo. Quería pasar por casa para cambiarme, pero no me daba tiempo, así que llegué correctamente vestido, pero con pantalones cortos. Me llamaron la atención y me dijeron que fuera la última vez. Temí que no me dejaran entrar después de mi aventura para tener la entrada, pero fueron benévolos y justo un poco antes de levantarse el telón, son muy puntuales, me sentaba junto a Lilleam
, que era quien me había sacado la entrada y con quien estuve hablando sobre cada una parte de las interpretaciones, ella una entendida, yo un neófito. Era la primera vez que asistía a una representación de este tipo.